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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 12 de agosto, 2026
Guanajuato Nota 15 de julio de 2026

Veinticinco años de sacramentos con acuse devuelto

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Veinticinco años de sacramentos con acuse devuelto
Imagine que se casó, bautizó a sus hijos y se confirmó con toda la solemnidad del caso, y un buen día le avisan que el trámite no procedió por un asunto de jurisdicción. No hablamos del SAT ni del Registro Civil: hablamos del cielo mismo. Eso, más o menos, es lo que confirmó la Arquidiócesis de León al destapar que un supuesto templo en la colonia Alfaro operó más de dos décadas sin pertenecer a la Iglesia Católica, con sacramentos que resultaron inválidos.

Veinticinco años. Un cuarto de siglo de bodas, primeras comuniones y confirmaciones celebradas con incienso, mantel largo, madrinas peleadas por el orden de las fotos y bolo para los niños, que ahora tienen la validez espiritual de un cupón vencido. Y no es un caso aislado: la Arquidiócesis detectó al menos otros tres sitios similares. La advertencia es de las que hielan la sangre del feligrés promedio: miles de personas pudieron haber recibido sacramentos que, canónicamente, no cuentan.

Lo notable es la longevidad del asunto. Veinticinco años operando sin que nadie revisara las credenciales. En este país cualquier changarro pasa por más inspecciones de Protección Civil que, al parecer, cierto templo por parte de la autoridad eclesiástica. El pan de las cocinas económicas de Salamanca requiere certificación en manejo higiénico; el sacramento, por lo visto, funcionaba con menos requisitos que una fonda.

Uno entiende la buena fe de las familias. Nadie llega a casarse pidiendo el organigrama diocesano ni la cédula profesional del oficiante. Se confía en la sotana, en el altar, en que las cosas están donde parecen estar. Por eso el golpe es doble: primero la sorpresa, luego el trámite de regularización, porque la Iglesia ya trabaja para que quienes lo deseen validen sus sacramentos.

La moraleja guanajuatense es contundente y sirve para todo: en el Bajío hay que revisar la letra chiquita hasta de lo divino. Aquí verificamos la báscula del mercado, el kilometraje del coche usado y el peso del aguacate, pero le entregábamos el alma a un templo sin checarle el papeleo. Que este sea el año en que aprendamos a pedir, con todo respeto y antes de decir "acepto", una discreta constancia de que la parroquia efectivamente pertenece a quien dice pertenecer.