Morelia, capital del turismo: venga a mojarse con nosotros
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Prepare la maleta y, sobre todo, el impermeable: Morelia será, según las proyecciones federales, el destino con mayor crecimiento turístico del país este verano, con un aumento estimado del 26.8 por ciento en la llegada de visitantes. Le ganamos a Mérida, a Acapulco, a Los Cabos. Somos oficialmente la nueva Riviera Maya, solo que con cerros, cantera rosa y una humedad que no la produce el mar sino el drenaje que no se ha dragado en años. Bienvenido, turista nacional, a la ciudad donde el paisaje cambia según el nivel del agua.
Porque mientras el gobierno federal nos vende como el gran atractivo del verano, en el terreno la postal es más creativa. En Hacienda Tiníjaro y Carlos Salazar el Ayuntamiento repartió más de 400 kits de limpieza a familias afectadas por las inundaciones, que es la manera moderna de dar la bienvenida: no con collar de flores, sino con jerga y cubeta. El alcalde, por su parte, resolvió el misterio de dónde se va el agua señalando a la Conagua por no dragar ríos y drenes desde hace años. Un clásico del federalismo mexicano: la lluvia es de todos, pero la culpa siempre es del de al lado. Anote, visitante: aquí el deporte extreme no es el rafting, es cruzar la avenida en temporada de lluvias.
Y hablando de cruzar cosas, el gobernador viajó a Uruapan para constatar personalmente que el teleférico de aquella ciudad es un fortín: 206 videocámaras conectadas al C5 garantizan, nos dicen, la seguridad de los 18 mil pasajeros diarios. Doscientas seis cámaras. Una hazaña de la vigilancia que uno celebraría sin reservas si no fuera porque, a la misma hora, en Morelia se vencía el plazo para que una empresa entregara el dictamen del cable que se cayó del teleférico capitalino. Le dieron 24 horas más de prórroga, porque en Michoacán hasta los cables tienen derecho a réplica. Uno no sabe qué es más tranquilizador: que en Uruapan haya 206 ojos electrónicos, o que en Morelia todavía estemos esperando el papelito que explique por qué se soltó lo que no se debía soltar.
En el rubro de la conciencia ecológica, Movimiento Ciudadano convocó a una jornada de reforestación llamada 'Adopta un Árbol' este domingo en Morelia. Aplausos: sembrar árboles siempre es buena idea. Solo que la naturaleza michoacana viene con letras chiquitas. En el bosque de la Monarca, el barrenador, el descortezador y el muérdago se están dando un festín, y las lluvias complican el retiro de los árboles enfermos. Es decir: por un lado adoptamos árboles nuevos, por el otro se nos van los que ya teníamos. A este ritmo, el bosque va a funcionar como la política local: entran muchos con foto y buenas intenciones, salen los mismos de siempre por la puerta de atrás.
Porque de política, ni cómo huir. En Morena, doce aspirantes se disputan la Coordinación Estatal de Defensa de la Transformación, y una de las contendientes salió a pedir 'unidad, compromiso y trabajo', porque 'no hay pretextos'. Doce personas educadísimas jurando amor eterno al movimiento mientras se miden de reojo el tamaño del territorio. La unidad morenista es como el agua de Morelia: todos juran que existe, nadie sabe exactamente por dónde va a salir. Enfrente, la oposición ofrece su propia telenovela: el PRI no descarta que su dirigente contienda por Morelia, y el PAN le contestó con un cariñoso 'si ése es el precio de la alianza, no habrá acuerdo'. La coalición opositora, en pleno idilio, discutiendo la candidatura como quien se pelea la última rebanada de pastel en un cumpleaños al que todavía nadie los invitó.
Mención honorífica para el Partido Verde, que reconoció pendientes en su agenda ambiental y de austeridad, y de paso propuso una 'ley de imagen institucional' para gastar menos en las transiciones de gobierno. Un partido ecologista preocupado por no desperdiciar dinero en repintar oficinas: por fin un reciclaje que entendemos todos. Ojalá la próxima propuesta sea reciclar también los discursos, que esos sí llevan décadas sin biodegradarse.
Y para cerrar el paquete vacacional, un recordatorio de que no todo es folclor: en el plano nacional, organizaciones civiles pidieron que el vehículo eléctrico Olinia, el orgullo de la electromovilidad mexicana, nazca al menos con estándares mínimos de seguridad. Traducido: que el coche del futuro no aplaste a nadie en el presente. Sensata petición. Aquí en Morelia la aplicaríamos igualito al teleférico, a los drenes y a las candidaturas: que todo lo que nos venden como novedad venga, por lo menos, con el dictamen de que no se va a caer encima. Disfrute su estancia, turista. Traiga botas.
Porque mientras el gobierno federal nos vende como el gran atractivo del verano, en el terreno la postal es más creativa. En Hacienda Tiníjaro y Carlos Salazar el Ayuntamiento repartió más de 400 kits de limpieza a familias afectadas por las inundaciones, que es la manera moderna de dar la bienvenida: no con collar de flores, sino con jerga y cubeta. El alcalde, por su parte, resolvió el misterio de dónde se va el agua señalando a la Conagua por no dragar ríos y drenes desde hace años. Un clásico del federalismo mexicano: la lluvia es de todos, pero la culpa siempre es del de al lado. Anote, visitante: aquí el deporte extreme no es el rafting, es cruzar la avenida en temporada de lluvias.
Y hablando de cruzar cosas, el gobernador viajó a Uruapan para constatar personalmente que el teleférico de aquella ciudad es un fortín: 206 videocámaras conectadas al C5 garantizan, nos dicen, la seguridad de los 18 mil pasajeros diarios. Doscientas seis cámaras. Una hazaña de la vigilancia que uno celebraría sin reservas si no fuera porque, a la misma hora, en Morelia se vencía el plazo para que una empresa entregara el dictamen del cable que se cayó del teleférico capitalino. Le dieron 24 horas más de prórroga, porque en Michoacán hasta los cables tienen derecho a réplica. Uno no sabe qué es más tranquilizador: que en Uruapan haya 206 ojos electrónicos, o que en Morelia todavía estemos esperando el papelito que explique por qué se soltó lo que no se debía soltar.
En el rubro de la conciencia ecológica, Movimiento Ciudadano convocó a una jornada de reforestación llamada 'Adopta un Árbol' este domingo en Morelia. Aplausos: sembrar árboles siempre es buena idea. Solo que la naturaleza michoacana viene con letras chiquitas. En el bosque de la Monarca, el barrenador, el descortezador y el muérdago se están dando un festín, y las lluvias complican el retiro de los árboles enfermos. Es decir: por un lado adoptamos árboles nuevos, por el otro se nos van los que ya teníamos. A este ritmo, el bosque va a funcionar como la política local: entran muchos con foto y buenas intenciones, salen los mismos de siempre por la puerta de atrás.
Porque de política, ni cómo huir. En Morena, doce aspirantes se disputan la Coordinación Estatal de Defensa de la Transformación, y una de las contendientes salió a pedir 'unidad, compromiso y trabajo', porque 'no hay pretextos'. Doce personas educadísimas jurando amor eterno al movimiento mientras se miden de reojo el tamaño del territorio. La unidad morenista es como el agua de Morelia: todos juran que existe, nadie sabe exactamente por dónde va a salir. Enfrente, la oposición ofrece su propia telenovela: el PRI no descarta que su dirigente contienda por Morelia, y el PAN le contestó con un cariñoso 'si ése es el precio de la alianza, no habrá acuerdo'. La coalición opositora, en pleno idilio, discutiendo la candidatura como quien se pelea la última rebanada de pastel en un cumpleaños al que todavía nadie los invitó.
Mención honorífica para el Partido Verde, que reconoció pendientes en su agenda ambiental y de austeridad, y de paso propuso una 'ley de imagen institucional' para gastar menos en las transiciones de gobierno. Un partido ecologista preocupado por no desperdiciar dinero en repintar oficinas: por fin un reciclaje que entendemos todos. Ojalá la próxima propuesta sea reciclar también los discursos, que esos sí llevan décadas sin biodegradarse.
Y para cerrar el paquete vacacional, un recordatorio de que no todo es folclor: en el plano nacional, organizaciones civiles pidieron que el vehículo eléctrico Olinia, el orgullo de la electromovilidad mexicana, nazca al menos con estándares mínimos de seguridad. Traducido: que el coche del futuro no aplaste a nadie en el presente. Sensata petición. Aquí en Morelia la aplicaríamos igualito al teleférico, a los drenes y a las candidaturas: que todo lo que nos venden como novedad venga, por lo menos, con el dictamen de que no se va a caer encima. Disfrute su estancia, turista. Traiga botas.