Doce aspirantes, cero pretextos y una unidad que nadie ha visto
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En Morena hay doce personas que se quieren muchísimo. Tanto, que compiten entre sí por la Coordinación Estatal de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, un cargo cuyo nombre por sí solo ya requiere pausa para respirar. Y en medio de esa docena de amores fraternos, una de las contendientes salió a pedir lo que siempre se pide en estos casos: unidad, compromiso y trabajo. Y remató con la frase que ya es himno del proceso interno: 'no hay pretextos'.
Uno admira la fe. Doce aspirantes llamándose mutuamente a la madurez política y al trabajo en el territorio, todos convencidos de que el movimiento nació del pueblo y de que ellos, casualmente, son la mejor expresión de ese pueblo. La unidad, en política michoacana, funciona como el clima de esta temporada: todos hablan de ella, todos la esperan, y cuando por fin aparece, viene acompañada de tormenta.
Lo entretenido es el contraste. Mientras Morena resuelve su casting de doce finalistas con discursos de concordia, la oposición ofrece su propio espectáculo: el dirigente del PRI no descarta contender por Morelia, y el del PAN le respondió con la ternura de un portazo: si ése es el precio de la alianza, no habrá acuerdo. Es decir, unos se pelean por caber todos en la misma foto y otros se pelean por no compartir el marco. Michoacán 2027 aún queda lejísimos, pero el mercado de las ambiciones ya abrió temprano, con puestos para todos.
Y como toda buena negociación, ésta se disfraza de virtud. 'No hay pretextos' suena a arenga deportiva, pero en la práctica significa que quien pierda no podrá quejarse de la cancha, del árbitro ni del balón. Elegante manera de pedir, por adelantado, que los once que no queden se aguanten con una sonrisa institucional.
Que gane el mejor, dicen. En Michoacán, más bien, que gane el que mejor haya entendido que la unidad se proclama en el micrófono y se negocia en el pasillo. Los doce lo saben. Por eso sonríen. Y por eso, cuando termine el proceso, veremos cuántos siguen creyendo que no había pretextos.
Uno admira la fe. Doce aspirantes llamándose mutuamente a la madurez política y al trabajo en el territorio, todos convencidos de que el movimiento nació del pueblo y de que ellos, casualmente, son la mejor expresión de ese pueblo. La unidad, en política michoacana, funciona como el clima de esta temporada: todos hablan de ella, todos la esperan, y cuando por fin aparece, viene acompañada de tormenta.
Lo entretenido es el contraste. Mientras Morena resuelve su casting de doce finalistas con discursos de concordia, la oposición ofrece su propio espectáculo: el dirigente del PRI no descarta contender por Morelia, y el del PAN le respondió con la ternura de un portazo: si ése es el precio de la alianza, no habrá acuerdo. Es decir, unos se pelean por caber todos en la misma foto y otros se pelean por no compartir el marco. Michoacán 2027 aún queda lejísimos, pero el mercado de las ambiciones ya abrió temprano, con puestos para todos.
Y como toda buena negociación, ésta se disfraza de virtud. 'No hay pretextos' suena a arenga deportiva, pero en la práctica significa que quien pierda no podrá quejarse de la cancha, del árbitro ni del balón. Elegante manera de pedir, por adelantado, que los once que no queden se aguanten con una sonrisa institucional.
Que gane el mejor, dicen. En Michoacán, más bien, que gane el que mejor haya entendido que la unidad se proclama en el micrófono y se negocia en el pasillo. Los doce lo saben. Por eso sonríen. Y por eso, cuando termine el proceso, veremos cuántos siguen creyendo que no había pretextos.