Cómo perder una presidencia en un solo gesto: manual mundialista no solicitado
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Hay carreras que se construyen durante décadas y se desarman en cuestión de segundos. Ulises Bernal Miramontes presidía el Colegio de Ingenieros Topógrafos Geomáticos del Estado de Jalisco hasta que, durante el partido de Corea del Sur contra Chequia en el Estadio Guadalajara, hizo un gesto discriminatorio contra una creadora de contenido surcoreana de 29 años, conocida en redes como Ino Cat. Después se dijo arrepentido, reconoció que se equivocó, ofreció disculpas públicas y renunció a su cargo.
Resulta irónico que el tropiezo le tocara precisamente a un topógrafo, alguien cuyo oficio consiste en medir distancias, calcular pendientes y entender el terreno. Esta vez calculó mal la única coordenada que importaba: que las cámaras del Mundial están encendidas y que el respeto al visitante no es opcional. El terreno que pisó no estaba en su mapa.
México lleva semanas presumiendo su papel de anfitrión: que si los turistas se sienten acogidos, que si la gente es amable, que si Jalisco recibe al mundo con los brazos abiertos. Y entonces basta un gesto en la tribuna para recordar que la hospitalidad no se decreta en un spot, se practica butaca por butaca. El estadio es un escaparate, y en un escaparate todo se ve.
Lo rescatable, dentro de lo lamentable, es que hubo consecuencias rápidas y una disculpa de por medio. No siempre pasa. En un país donde el "yo no fui" suele durar más que la pena, ver a alguien asumir su error y dar un paso al costado tiene, al menos, el mérito de la coherencia.
La moraleja para los demás aficionados es sencilla y gratuita: cuando uno va al estadio con la playera de anfitrión, la representa puesta y quitada. El Mundial trajo a Jalisco gente de medio planeta; lo mínimo es tratarla como huésped y no como remate de chiste de grada. La cortesía, después de todo, no cuesta un peso, y la falta de ella ya le costó a alguien una presidencia.
Resulta irónico que el tropiezo le tocara precisamente a un topógrafo, alguien cuyo oficio consiste en medir distancias, calcular pendientes y entender el terreno. Esta vez calculó mal la única coordenada que importaba: que las cámaras del Mundial están encendidas y que el respeto al visitante no es opcional. El terreno que pisó no estaba en su mapa.
México lleva semanas presumiendo su papel de anfitrión: que si los turistas se sienten acogidos, que si la gente es amable, que si Jalisco recibe al mundo con los brazos abiertos. Y entonces basta un gesto en la tribuna para recordar que la hospitalidad no se decreta en un spot, se practica butaca por butaca. El estadio es un escaparate, y en un escaparate todo se ve.
Lo rescatable, dentro de lo lamentable, es que hubo consecuencias rápidas y una disculpa de por medio. No siempre pasa. En un país donde el "yo no fui" suele durar más que la pena, ver a alguien asumir su error y dar un paso al costado tiene, al menos, el mérito de la coherencia.
La moraleja para los demás aficionados es sencilla y gratuita: cuando uno va al estadio con la playera de anfitrión, la representa puesta y quitada. El Mundial trajo a Jalisco gente de medio planeta; lo mínimo es tratarla como huésped y no como remate de chiste de grada. La cortesía, después de todo, no cuesta un peso, y la falta de ella ya le costó a alguien una presidencia.