La FIFA reparte diplomas de seguridad y el área metropolitana los enmarca de inmediato
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Nada le sienta mejor a la clase política regia que un reconocimiento internacional. Es su combustible, su vitamina, su razón de existir. Por eso este martes fue día de fiesta institucional: la FIFA reconoció a Monterrey por su estrategia de seguridad durante el Mundial 2026, y también reconoció a San Pedro Garza García por lo mismo. Dos municipios, dos distinciones, y una cantidad de comunicados de prensa que ya rebasó la producción anual de novelas de la región.
El argumento es legítimo: hubo saldo blanco, pocos incidentes, los aficionados extranjeros se fueron contentos. Perfecto. El problema no es el logro, sino la coreografía posterior. Porque en cuanto un organismo internacional suelta una palmadita, aquí se activa un protocolo de autobombo que incluye pendón, ceremonia, fotografía con el ejecutivo de la FIFA y el infaltable 'agradecemos a la ciudadanía por su confianza'. San Pedro, no contento con su diploma, presumió que más de 130 mil personas disfrutaron su 'oferta gastronómica' —traducción: gente comiendo carne asada carísima con vista al Chipinque—.
El reconocimiento es, sospechosamente, por hacer bien el trabajo durante un mes, en una ciudad, para un evento con presupuesto federal, estatal y municipal, con selecciones nacionales y turistas VIP. Es decir: la seguridad funcionó cuando el mundo entero estaba viendo y había dinero de sobra. La pregunta incómoda —esa que nunca cabe en el pendón— es qué pasa con la seguridad los otros once meses del año, cuando no viene la FIFA ni las cámaras internacionales, y cuando el mismo estado reconoce que hay municipios metropolitanos con problemas serios de violencia.
Porque el mismo día de los diplomas, en otra oficina del mismo gobierno, se hablaba del municipio 'más violento' de Nuevo León. La FIFA no reparte reconocimientos por eso. Ni por las alcantarillas desbordadas, ni por los basureros que llevan semanas creciendo en las colonias, ni por los boletos de autobús que subieron para vacaciones. Esos temas no tienen ceremonia con ejecutivo internacional; se quedan en la sección de 'vecinos denuncian'.
Que conste: qué bueno que el Mundial salió bien. En serio. Pero ver a dos municipios peleándose por quién presume mejor su trofeo de seguridad, mientras el resto del calendario sigue igual, tiene algo de graduación de kínder donde a todos les dan estrellita para que ninguno llore. La FIFA ya se fue. El pendón se quedará colgado hasta que se despinte. Y nosotros, con nuestra medalla imaginaria, seguiremos esquivando baches y aguas negras rumbo al trabajo. Campeones morales, como siempre.
El argumento es legítimo: hubo saldo blanco, pocos incidentes, los aficionados extranjeros se fueron contentos. Perfecto. El problema no es el logro, sino la coreografía posterior. Porque en cuanto un organismo internacional suelta una palmadita, aquí se activa un protocolo de autobombo que incluye pendón, ceremonia, fotografía con el ejecutivo de la FIFA y el infaltable 'agradecemos a la ciudadanía por su confianza'. San Pedro, no contento con su diploma, presumió que más de 130 mil personas disfrutaron su 'oferta gastronómica' —traducción: gente comiendo carne asada carísima con vista al Chipinque—.
El reconocimiento es, sospechosamente, por hacer bien el trabajo durante un mes, en una ciudad, para un evento con presupuesto federal, estatal y municipal, con selecciones nacionales y turistas VIP. Es decir: la seguridad funcionó cuando el mundo entero estaba viendo y había dinero de sobra. La pregunta incómoda —esa que nunca cabe en el pendón— es qué pasa con la seguridad los otros once meses del año, cuando no viene la FIFA ni las cámaras internacionales, y cuando el mismo estado reconoce que hay municipios metropolitanos con problemas serios de violencia.
Porque el mismo día de los diplomas, en otra oficina del mismo gobierno, se hablaba del municipio 'más violento' de Nuevo León. La FIFA no reparte reconocimientos por eso. Ni por las alcantarillas desbordadas, ni por los basureros que llevan semanas creciendo en las colonias, ni por los boletos de autobús que subieron para vacaciones. Esos temas no tienen ceremonia con ejecutivo internacional; se quedan en la sección de 'vecinos denuncian'.
Que conste: qué bueno que el Mundial salió bien. En serio. Pero ver a dos municipios peleándose por quién presume mejor su trofeo de seguridad, mientras el resto del calendario sigue igual, tiene algo de graduación de kínder donde a todos les dan estrellita para que ninguno llore. La FIFA ya se fue. El pendón se quedará colgado hasta que se despinte. Y nosotros, con nuestra medalla imaginaria, seguiremos esquivando baches y aguas negras rumbo al trabajo. Campeones morales, como siempre.