Waldo faltó al Senado, pero fue por el T-MEC, o sea, por una buena causa
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Todos conocemos la excusa clásica del trabajador que no llegó: 'es que había mucho tráfico'. Pues el senador con licencia Waldo Fernández elevó el género a nivel diplomático internacional. ¿Sus ausencias en el Senado de la República? No fueron ausencias, señores. Fueron negociaciones del T-MEC. El hombre no faltaba: geopolítica.
En entrevista, Fernández matizó con una precisión de relojero suizo: 'Las faltas son a votación, no a sesión; no es que no haya ido 22 veces a trabajar, hay votaciones donde no te presentas'. Reflexionemos sobre esta joya. Existe una distinción, al parecer, entre faltar a la sesión y faltar a la votación. Es como decir 'no falté a la boda, solo no estuve cuando dijeron sí acepto'. Estuviste en el edificio, pero justo cuando había que apretar el botón, andabas en otra cosa. En el T-MEC, específicamente. Renegociando tratados. Muy ocupado.
Lo cierto es que el contexto no ayuda al senador. Especialistas en política reprobaron el rezago de los legisladores de Nuevo León, señalando que de 663 iniciativas presentadas apenas se aprobaron siete. Siete. De seiscientas sesenta y tres. Un promedio de aprobación que haría sonrojar hasta al alumno más flojo del salón. Y ante ese panorama, la defensa de los diputados locales fue igual de reconfortante: dijeron que el problema es que no hay acuerdos ni negociaciones, y que como hay 'una fuerza dominante', pues presentas iniciativas y no te las aprueban. Traducción: no es que no trabajemos, es que trabajamos y no sirve de nada. Motivador.
Uno entiende que la política es de acuerdos y que la aritmética legislativa es cruel. Pero hay algo profundamente cómico en escuchar a los representantes justificar simultáneamente que sí fueron a trabajar, que las faltas no cuentan como faltas, y que si no aprueban nada es porque el sistema no los deja. Es la trifecta perfecta de la responsabilidad diluida: culpa del sistema, culpa de la mayoría, y de paso una tecnicidad sobre sesión-versus-votación para que ni las inasistencias sean del todo inasistencias.
Mientras tanto, el ciudadano de Nuevo León, ese que sí llega puntual a chambear porque a él sí le cuentan las faltas, observa el espectáculo con la resignación de siempre. Ellos negocian el T-MEC. Nosotros negociamos el pasaje del camión que acaba de subir 10%. Cada quien su tratado internacional.
En entrevista, Fernández matizó con una precisión de relojero suizo: 'Las faltas son a votación, no a sesión; no es que no haya ido 22 veces a trabajar, hay votaciones donde no te presentas'. Reflexionemos sobre esta joya. Existe una distinción, al parecer, entre faltar a la sesión y faltar a la votación. Es como decir 'no falté a la boda, solo no estuve cuando dijeron sí acepto'. Estuviste en el edificio, pero justo cuando había que apretar el botón, andabas en otra cosa. En el T-MEC, específicamente. Renegociando tratados. Muy ocupado.
Lo cierto es que el contexto no ayuda al senador. Especialistas en política reprobaron el rezago de los legisladores de Nuevo León, señalando que de 663 iniciativas presentadas apenas se aprobaron siete. Siete. De seiscientas sesenta y tres. Un promedio de aprobación que haría sonrojar hasta al alumno más flojo del salón. Y ante ese panorama, la defensa de los diputados locales fue igual de reconfortante: dijeron que el problema es que no hay acuerdos ni negociaciones, y que como hay 'una fuerza dominante', pues presentas iniciativas y no te las aprueban. Traducción: no es que no trabajemos, es que trabajamos y no sirve de nada. Motivador.
Uno entiende que la política es de acuerdos y que la aritmética legislativa es cruel. Pero hay algo profundamente cómico en escuchar a los representantes justificar simultáneamente que sí fueron a trabajar, que las faltas no cuentan como faltas, y que si no aprueban nada es porque el sistema no los deja. Es la trifecta perfecta de la responsabilidad diluida: culpa del sistema, culpa de la mayoría, y de paso una tecnicidad sobre sesión-versus-votación para que ni las inasistencias sean del todo inasistencias.
Mientras tanto, el ciudadano de Nuevo León, ese que sí llega puntual a chambear porque a él sí le cuentan las faltas, observa el espectáculo con la resignación de siempre. Ellos negocian el T-MEC. Nosotros negociamos el pasaje del camión que acaba de subir 10%. Cada quien su tratado internacional.