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El Destiempo

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Jalisco Digest 16 de julio de 2026

Ocho meses en la sala de espera: crónica de un Jalisco que toca la puerta y le contestan con pipas

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Ocho meses en la sala de espera: crónica de un Jalisco que toca la puerta y le contestan con pipas
Hay dos formas de medir el tiempo en Jalisco. Una es el reloj. La otra es contar cuántos meses lleva el gobernador Pablo Lemus pidiendo una cita con la Presidenta. Van ocho. En ese lapso se gesta un bebé, se termina una carrera técnica y se descarrila dos veces el mismo tren en el mismo kilómetro. Pero la audiencia no llega. Ni la llamada reciente obtuvo devolución, cuentan. Ocho meses tocando la puerta es ya menos un trámite y más una instalación de arte conceptual: el hombre que golpea y el silencio que responde.

Lo elegante del asunto es que Lemus se apresura a aclarar que no hay confrontación. Claro que no. Uno no se confronta con el vacío; uno lo administra. Confía —dice— en que la Presidenta cumplirá los mil quinientos millones prometidos para la ampliación de la carretera a Chapala, dinero que debía llegar a más tardar en mayo y que a mediados de julio sigue teniendo la agenda igual de apretada que Palacio Nacional. La fe del gobernador es conmovedora: es la fe del que dejó el recado con la secretaria y sigue esperando que le devuelvan la llamada porque «seguro anduvo ocupada».

Mientras el teléfono no suena, Jalisco improvisa. El programa emergente por la mala calidad del agua consiste en cien millones de pesos en pipas y garrafones. Cien millones para transportar en camión el líquido que ya debería llegar por tubo. Es la Zona Metropolitana de Guadalajara convertida en un enorme oxxo con ruedas: si el sistema no da, échale garrafón. En el Senado, la alcaldesa tapatía Verónica Delgadillo pide que resuciten el Fondo Metropolitano, ese difunto ilustre al que todos le llevan flores y nadie revive. El alcalde de Tlajomulco, Gerardo Quirino, convoca a «cerrar filas con el SIAPA», frase que suena a abrazo colectivo pero que, traducida, significa: nadie quiere quedarse solo con el muerto. Y Movimiento Ciudadano exige a la Federación sanear el Lerma-Santiago, la cuenca que alimenta a Chapala, que a su vez le da el 60% del agua a la metrópoli. O sea: la arteria principal del tapatío es un río que llevamos décadas prometiendo limpiar y que sigue esperando su turno con la misma paciencia que Lemus.

El remate poético lo puso un diputado: propone declarar el tercer domingo de julio como el Día Estatal del Lago de Chapala. Perfecto. Ya que no podemos limpiarlo, al menos festejémoslo. Le ponemos mariachi, un discurso, una foto con el atardecer y todos a casa. El lago agradecerá el reconocimiento desde el fondo de su propia agenda pendiente.

Y para que no se diga que aquí solo hay quejas: el sábado se celebra la Primera Convención Jalisciense, donde autoridades, empresarios, cámaras y académicos se reunirán a construir una agenda de desarrollo. Es decir: si Palacio Nacional no nos da cita, nos citamos entre nosotros. Autoservicio institucional. Traigan garrafón.

Del otro lado del estado, en Puerto Vallarta, el Cabildo demostró que la política municipal también tiene su épica. Aprobaron exhortar —atentamente, subrayan— a que se reanuden unas escaleras en El Coapinole. No construirlas: exhortar a que las construyan. Es el género literario municipal por excelencia: la carta de amor a la obra pública. También aprobaron ordenar un estudio técnico y de viabilidad para evaluar la instalación de un puente peatonal sobre el Libramiento. No el puente. El estudio. De la viabilidad. Del puente. A este ritmo, el peatón cruzará primero por reencarnación.

Y en la misma sesión, trascendió, se buscaba un adelanto de unos cien millones de pesos: veinticinco para chasis de camiones de basura y el resto para nómina sindical, combustible y servicios. Da ternura la simetría: cien millones para el agua en pipas allá, cien millones adelantados acá. El país cabe en un cheque puente.

Mientras tanto, una familia vallartense recibió un recibo de Seapal por cuarenta y tres mil doscientos noventa y siete pesos. Seiscientos dieciséis metros cúbicos sin fuga detectada. Con esa agua fantasma se llenaría media alberca olímpica, o al menos las pipas de un municipio entero. Frente a las oficinas de ese mismo organismo, por cierto, hay una alcantarilla dañada que los vecinos piden arreglar. La metáfora se escribió sola y no le pagamos regalías: el hoyo está afuera de la casa del que cobra por taparlo.

Y en Guadalajara, después de seis meses de vencido el plazo, el Congreso aprobó por fin las leyes secundarias de transparencia. Seis meses tarde para legislar sobre el derecho a saber. Hermoso: la transparencia llegó opaca, pero llegó.

Cierre: si el gobernador quiere audiencia, que pida un estudio de viabilidad. Al parecer, en este país es lo único que sí se aprueba.