Guanajuato descubre la salud mental de sus policías: la epifanía llegó tarde y en cadena
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Hay descubrimientos que cambian la historia: la penicilina, la vacuna, el fuego. Y hay descubrimientos que llegan en bloque, el mismo día, en todos los municipios de Guanajuato al mismo tiempo, como si a alguien se le hubiera caído el memorándum: los policías tienen salud mental.
La cronología es cruel. Tras la muerte de un joven oficial en León, que se lanzó desde el distribuidor vial, ocurrió un fenómeno de sincronía institucional digno de estudio. La alcaldesa de León anunció que en próximos días presentará un plan de atención psicológica para todo el personal operativo. La alcaldesa de Irapuato aseguró que se fortalecerán las acciones de atención psicológica. El alcalde de Celaya señaló que la salud mental debe reforzarse en todas las áreas de la administración. Salamanca informó que ya tiene más de diez protocolos y avanza en un Centro Integral de Atención Policial. La gobernadora llevará una propuesta al Consejo de Seguridad. El Congreso abrió el debate en la Comisión de Justicia, donde el panismo lo enmarcó como problema de los cuerpos de seguridad y Morena como problemática social amplia, porque hasta el dolor se reparte por bancadas.
Una nación entera de anuncios. Un estado completo de "vamos a reforzar". Todo brotó, floreció y se comunicó en cuestión de horas. Y uno se pregunta, con genuina curiosidad periodística: ¿dónde estaba toda esta claridad la semana pasada? ¿Dónde estaban los diez protocolos, los centros integrales, las propuestas al Consejo, los planes que se presentarán "en próximos días"? Estaban ahí, seguramente. Solo que en modo de espera. Guanajuato tiene una capacidad de reacción impresionante: reacciona.
El dato duro es el que muerde. El INEGI dice que Guanajuato está por debajo de la media nacional en indicios de depresión entre adultos. Excelente. También dice que uno de cada cinco batalla para cubrir gastos básicos y que calificamos nuestra satisfacción con la vida en 8.65 de 10. Somos un estado que se declara feliz con una consistencia sospechosa, en el que la Procuraduría de los Derechos Humanos lleva 131 quejas contra la Fiscalía en lo que va del año y también investiga la atención emocional que se da a los policías. La estadística sonríe; la ventanilla no.
Y luego está el otro reflejo, el de siempre: el secretario de Salud pidió no compartir videos de crisis suicidas y priorizar la ayuda y la empatía. Tiene toda la razón, y es terrible que haya que decirlo. Somos un estado donde la primera reacción colectiva ante una tragedia es sacar el teléfono y la segunda es convocar una rueda de prensa. La tercera, con suerte, es el presupuesto.
Que quede claro: los planes son bienvenidos. Que haya psicólogos para quienes trabajan turnos imposibles, ven lo que nadie quiere ver y salen a la calle con un chaleco y un sueldo modesto es urgente, necesario y tardío. El problema no es el anuncio. El problema es que el anuncio necesitó un funeral para escribirse.
Ojalá que dentro de seis meses alguien pregunte por los protocolos y no le respondan que están en próximos días.
La cronología es cruel. Tras la muerte de un joven oficial en León, que se lanzó desde el distribuidor vial, ocurrió un fenómeno de sincronía institucional digno de estudio. La alcaldesa de León anunció que en próximos días presentará un plan de atención psicológica para todo el personal operativo. La alcaldesa de Irapuato aseguró que se fortalecerán las acciones de atención psicológica. El alcalde de Celaya señaló que la salud mental debe reforzarse en todas las áreas de la administración. Salamanca informó que ya tiene más de diez protocolos y avanza en un Centro Integral de Atención Policial. La gobernadora llevará una propuesta al Consejo de Seguridad. El Congreso abrió el debate en la Comisión de Justicia, donde el panismo lo enmarcó como problema de los cuerpos de seguridad y Morena como problemática social amplia, porque hasta el dolor se reparte por bancadas.
Una nación entera de anuncios. Un estado completo de "vamos a reforzar". Todo brotó, floreció y se comunicó en cuestión de horas. Y uno se pregunta, con genuina curiosidad periodística: ¿dónde estaba toda esta claridad la semana pasada? ¿Dónde estaban los diez protocolos, los centros integrales, las propuestas al Consejo, los planes que se presentarán "en próximos días"? Estaban ahí, seguramente. Solo que en modo de espera. Guanajuato tiene una capacidad de reacción impresionante: reacciona.
El dato duro es el que muerde. El INEGI dice que Guanajuato está por debajo de la media nacional en indicios de depresión entre adultos. Excelente. También dice que uno de cada cinco batalla para cubrir gastos básicos y que calificamos nuestra satisfacción con la vida en 8.65 de 10. Somos un estado que se declara feliz con una consistencia sospechosa, en el que la Procuraduría de los Derechos Humanos lleva 131 quejas contra la Fiscalía en lo que va del año y también investiga la atención emocional que se da a los policías. La estadística sonríe; la ventanilla no.
Y luego está el otro reflejo, el de siempre: el secretario de Salud pidió no compartir videos de crisis suicidas y priorizar la ayuda y la empatía. Tiene toda la razón, y es terrible que haya que decirlo. Somos un estado donde la primera reacción colectiva ante una tragedia es sacar el teléfono y la segunda es convocar una rueda de prensa. La tercera, con suerte, es el presupuesto.
Que quede claro: los planes son bienvenidos. Que haya psicólogos para quienes trabajan turnos imposibles, ven lo que nadie quiere ver y salen a la calle con un chaleco y un sueldo modesto es urgente, necesario y tardío. El problema no es el anuncio. El problema es que el anuncio necesitó un funeral para escribirse.
Ojalá que dentro de seis meses alguien pregunte por los protocolos y no le respondan que están en próximos días.