El derecho es universal cuando se da; cuando se quita, es un malentendido de 25 años
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Hay días en que la Ciudad de México se explica sola sin necesidad de columnista. Ayer fue uno.
En Ciudad Deportiva, la jefa de Gobierno entregó la beca de transporte al universitario número 100 mil y explicó, con toda claridad, la doctrina de la casa: el apoyo no está condicionado a promedio académico ni a criterios socioeconómicos, porque no es un premio, es un derecho. Universal. Van por más de 200 mil beneficiarios antes de que termine el año y por la universalidad plena en 2027. Hasta ahí, todo correcto. Uno aplaude sin ironía, cosa rara en esta columna.
A unos kilómetros de ahí, sobre Fray Servando y Simón Bolívar, justo frente a las oficinas de la Secretaría de Administración y Finanzas, trabajadores de los Centros de Atención y Cuidado Infantil bloqueaban la avenida con carteles y consignas por una razón menos fotogénica: les quitaron una semana de vacaciones.
No cualquier semana. El periodo extraordinario de descanso que, aseguran, tenían desde hace más de 25 años. La notificación llegó un día antes del receso de verano —el timing es una obra maestra, digna de aplauso técnico— y el argumento fue de una elegancia burocrática insuperable: el beneficio "no está normado".
Admiremos la simetría. En la misma ciudad, el mismo día, un derecho se declara universal precisamente porque no necesita justificarse, y otro derecho se cancela precisamente porque nadie lo escribió. La universalidad, resulta, es una cualidad que se activa en los eventos con templete y se desactiva en los oficios sin membrete.
El sindicato dice que la problemática alcanza a más de 200 trabajadores en cinco CACI y repercute en unos 500 usuarios: niñas y niños de entre 45 días de nacidos y seis años. Cuarenta y cinco días. Es decir, personal que cuida bebés que todavía no cumplen dos meses de vida, y que después de más de dos décadas de recibir un descanso extra —por el desgaste físico y emocional que implica cuidar primera infancia todo el día, todos los días— se entera con 24 horas de anticipación de que aquello era, en realidad, un largo error administrativo de 25 años que nadie había tenido el valor de corregir.
Uno se imagina la escena en la Dirección Ejecutiva de Desarrollo de Personal y Derechos Humanos —el nombre incluye "Derechos Humanos", lo cual eleva la pieza al nivel de sátira involuntaria— revisando el archivo y descubriendo, horrorizada, que durante un cuarto de siglo se había cometido el atroz delito de dejar descansar a quien cuida niños.
Hay una lógica en todo esto, y es la lógica del calendario político: los derechos que se entregan tienen evento, tienen sonido, tienen jóvenes aplaudiendo. Los derechos que se retiran tienen oficio, tienen fecha de viernes y tienen la esperanza institucional de que la gente esté ya de vacaciones y no se dé cuenta. Salió mal: se dieron cuenta y cerraron Fray Servando.
Lo bonito es que ambos hechos son ciertos y ambos son del mismo gobierno. La universalidad avanza. El descanso retrocede. Y en medio, doscientas personas que llevan 25 años cargando bebés y ahora también cargan con el prestigio de haber sido, sin saberlo, beneficiarias de una anomalía.
Que les normen la semana, pues. Aquí se norma hasta el color de los uniformes de tránsito; una semana de descanso no debería ser tan difícil de escribir.
En Ciudad Deportiva, la jefa de Gobierno entregó la beca de transporte al universitario número 100 mil y explicó, con toda claridad, la doctrina de la casa: el apoyo no está condicionado a promedio académico ni a criterios socioeconómicos, porque no es un premio, es un derecho. Universal. Van por más de 200 mil beneficiarios antes de que termine el año y por la universalidad plena en 2027. Hasta ahí, todo correcto. Uno aplaude sin ironía, cosa rara en esta columna.
A unos kilómetros de ahí, sobre Fray Servando y Simón Bolívar, justo frente a las oficinas de la Secretaría de Administración y Finanzas, trabajadores de los Centros de Atención y Cuidado Infantil bloqueaban la avenida con carteles y consignas por una razón menos fotogénica: les quitaron una semana de vacaciones.
No cualquier semana. El periodo extraordinario de descanso que, aseguran, tenían desde hace más de 25 años. La notificación llegó un día antes del receso de verano —el timing es una obra maestra, digna de aplauso técnico— y el argumento fue de una elegancia burocrática insuperable: el beneficio "no está normado".
Admiremos la simetría. En la misma ciudad, el mismo día, un derecho se declara universal precisamente porque no necesita justificarse, y otro derecho se cancela precisamente porque nadie lo escribió. La universalidad, resulta, es una cualidad que se activa en los eventos con templete y se desactiva en los oficios sin membrete.
El sindicato dice que la problemática alcanza a más de 200 trabajadores en cinco CACI y repercute en unos 500 usuarios: niñas y niños de entre 45 días de nacidos y seis años. Cuarenta y cinco días. Es decir, personal que cuida bebés que todavía no cumplen dos meses de vida, y que después de más de dos décadas de recibir un descanso extra —por el desgaste físico y emocional que implica cuidar primera infancia todo el día, todos los días— se entera con 24 horas de anticipación de que aquello era, en realidad, un largo error administrativo de 25 años que nadie había tenido el valor de corregir.
Uno se imagina la escena en la Dirección Ejecutiva de Desarrollo de Personal y Derechos Humanos —el nombre incluye "Derechos Humanos", lo cual eleva la pieza al nivel de sátira involuntaria— revisando el archivo y descubriendo, horrorizada, que durante un cuarto de siglo se había cometido el atroz delito de dejar descansar a quien cuida niños.
Hay una lógica en todo esto, y es la lógica del calendario político: los derechos que se entregan tienen evento, tienen sonido, tienen jóvenes aplaudiendo. Los derechos que se retiran tienen oficio, tienen fecha de viernes y tienen la esperanza institucional de que la gente esté ya de vacaciones y no se dé cuenta. Salió mal: se dieron cuenta y cerraron Fray Servando.
Lo bonito es que ambos hechos son ciertos y ambos son del mismo gobierno. La universalidad avanza. El descanso retrocede. Y en medio, doscientas personas que llevan 25 años cargando bebés y ahora también cargan con el prestigio de haber sido, sin saberlo, beneficiarias de una anomalía.
Que les normen la semana, pues. Aquí se norma hasta el color de los uniformes de tránsito; una semana de descanso no debería ser tan difícil de escribir.