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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 12 de agosto, 2026
Chihuahua Nota 17 de julio de 2026

Cerró Soriana La Sierra: la 'reestructura corporativa' que nadie pidió

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Cerró Soriana La Sierra: la 'reestructura corporativa' que nadie pidió
Casi veinte años dando servicio en la capital y Soriana La Sierra cierra sus puertas. La noticia no llegó por comunicado ni por rueda de prensa: llegó de manera extraoficial, a los trabajadores, que se enteraron de que su sucursal es ahora parte de una "reestructura corporativa".

"Reestructura corporativa" es una de esas frases que la iniciativa privada inventó para no decir la palabra que sí describe lo que pasa. Es prima hermana de "optimización de operaciones", sobrina de "sinergias" y comadre de "nos estamos reinventando". Ninguna de ellas se traduce jamás como "abrimos otra tienda". Todas significan lo mismo: cierra, ahí nos vemos, gracias por sus veinte años.

Los 65 empleados, dicen, serían reubicados en otras sucursales de la cadena en la capital. Serían. En condicional. El condicional es el tiempo verbal favorito del capitalismo mexicano: te promete sin comprometerse, te tranquiliza sin obligarse. "Serían reubicados" es a "fueron reubicados" lo que "ahorita voy" es a llegar.

Y el momento es delicioso, por decirlo con crueldad: la tienda cierra la misma semana en que el secretario de Hacienda del estado reconoce que bajó la recaudación del Impuesto Sobre Nómina y que aún calculan la caída, atribuyéndola a la disminución del empleo. Y la misma semana en que el INEGI reporta que la manufactura desaceleró en mayo, con retrocesos en empleo, producción y horas trabajadas.

O sea que tenemos un cuadro clínico completo: menos horas en la maquila, menos empleo, menos nómina, menos ISN, y ahora una sucursal menos. Todo eso mientras la tasa del impuesto sobre nómina subió del 3 al 4 por ciento para 2026 y 2027. Que alguien le explique al pizarrón por qué la cuenta no sale.

Lo más honesto de esta noticia es que nadie la anunció. No hubo boletín, no hubo lamento oficial, no hubo mesa de trabajo interinstitucional ni cumbre binacional. Hubo lo de siempre: los trabajadores enterándose de refilón, los clientes descubriéndolo cuando lleguen al estacionamiento, y una economía que se va desconchinflando de a una sucursal a la vez, calladita, sin ruedas de prensa.

Porque una fábrica que cierra sale en las estadísticas. Una tienda que cierra sale en la memoria del barrio. Y para el que trabajaba ahí, ambas duelen exactamente igual.