La ciudad se abre, la policía se lleva la tele y el polvo nos da cáncer: viernes normal
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Hay días en que la Ciudad de México amanece con ganas de tragarse a sus habitantes, y hoy es uno de esos. En la colonia Del Valle, esa que sale en los reels de "mi barrio favorito", la tierra decidió abrirse: diez metros de largo por cuatro y medio de profundidad, cortesía de una tubería rota. Lo mejor no es el hoyo. Lo mejor es la cronología: los vecinos llevaban meses viendo un hundimiento con un orificio chiquito en el centro, ese punto negro que en cualquier película de terror significa "ahí vive algo". Nadie hizo nada hasta que el orificio chiquito cumplió su sueño americano y se convirtió en socavón. En esta ciudad los problemas no se atienden: se dejan crecer hasta que salen en el noticiero, que es nuestra forma local de gestión de riesgos.
Mientras tanto, en La Magdalena Contreras una ladera dijo "yo también" y se desgajó, dejando una abertura de seis metros y una banqueta colgando en el aire como pierna de nadador que no se anima. El diagnóstico oficial: el terreno se reblandeció por las lluvias. Traducción: llovió. En julio. En una ciudad construida sobre un lago que nunca aceptó su desaparición y lleva quinientos años haciendo terapia de cobro.
El gobierno capitalino, hay que decirlo, sí trae obra: siete mil millones de pesos a la red de drenaje, nueve tanques tormenta en Iztapalapa fabricados ahí mismo sobre Calzada Ignacio Zaragoza para que no haya retrasos —fabricar el tanque a un lado del hoyo es el equivalente hidráulico de cocinar en la mesa del comensal—, un colector de más de un kilómetro que pasará por debajo de la Línea A sin suspender el Metro, y mil ochocientos millones adicionales en Iztapalapa. Es una hazaña de ingeniería digna de aplauso. También es la factura acumulada de décadas de fingir demencia en una zona cuyo suelo se hundió cuarenta y cinco centímetros en dos años. El oriente de la ciudad no se está hundiendo: se está yendo, y con toda la razón.
En Tlalpan, cerca de la zona de hospitales, los vecinos denuncian que las banquetas están rotas y los pacientes en silla de ruedas tienen que bajarse al arroyo vehicular. O sea: sales de una cirugía y la ciudad te ofrece, gratis, la oportunidad de necesitar otra. Eficiencia.
Y para que nadie se sienta discriminado, un estudio detectó que el polvo callejero de prácticamente todas las calles de la capital trae antimonio, cobre y plomo, con riesgo de cáncer. Es decir: si no te traga el socavón, si no te alcanza la ladera, si sobrevives a la banqueta, todavía te queda el aire. Aquí la muerte no discrimina por alcaldía; es la única institución verdaderamente incluyente.
Capítulo policías. Cayeron seis elementos en activo —cinco capitalinos y un agente de la Policía de Investigación— presuntamente organizados en dos bandas dedicadas al robo a casa habitación, con otras diez órdenes de aprehensión pendientes. Y por otro lado, cinco uniformados más detenidos en Iztapalapa por tentativa de homicidio y robo. Uno entiende ahora por qué las patrullas tardan: andan trabajando doble turno. Lo elegante del asunto es que ya no hace falta que te roben y luego llames a la policía. Ahora es servicio integral, puerta a puerta.
El Metro, por su parte, publicó la estadística más deprimente del año: novecientos tres objetos cayeron a las vías en año y medio, con mil cuatrocientos cuarenta minutos de retraso, y el campeón absoluto es el celular. La Línea 3 lidera, claro. Una ciudad entera parada porque alguien iba viendo un video vertical justo cuando llegaba el convoy. No es negligencia, es poesía: el aparato con el que huimos de la ciudad terminó deteniéndola.
En el terreno político, la FGR detuvo al exgobernador panista de Baja California Ernesto Ruffo Appel por presunta delincuencia organizada y contrabando de combustible, dentro de una red que la fiscal Ernestina Godoy calificó de "colosal", y también cayó su socio en Ingemar. El PAN respondió con la frase del año: "nadie está por encima de la ley, pero tampoco por debajo del debido proceso", que es lo que uno dice cuando quiere defender sin abrazar. Otro partido pidió la liberación inmediata y habló de distracción. Todos tienen razón parcial y ninguno tiene ganas de esperar a que un juez haga su chamba, que es exactamente lo que pide la presunción de inocencia que todos invocan.
Y como el mundo no iba a dejarnos monopolizar el absurdo, Donald Trump dedicó veinticuatro minutos a decir que el sistema electoral estadounidense está roto, desclasificó papeles que —según reportes— no probaron que nadie cambiara un voto, acusó a China de tener datos de doscientos veinte millones de votantes, sacó a Chávez y Maduro del archivero de la CIA y anunció que bajará a la cancha el domingo a entregar el trofeo del Mundial. El hombre no cree en las máquinas de votación pero sí en las cámaras. Coherencia.
Mientras tanto, en la Glorieta de Insurgentes, nueve gatos y cuatro perros encontraron familia. Es la única noticia del día en la que alguien salió mejor de como entró. Adopte usted también: al menos el perro no le va a robar la tele.
Mientras tanto, en La Magdalena Contreras una ladera dijo "yo también" y se desgajó, dejando una abertura de seis metros y una banqueta colgando en el aire como pierna de nadador que no se anima. El diagnóstico oficial: el terreno se reblandeció por las lluvias. Traducción: llovió. En julio. En una ciudad construida sobre un lago que nunca aceptó su desaparición y lleva quinientos años haciendo terapia de cobro.
El gobierno capitalino, hay que decirlo, sí trae obra: siete mil millones de pesos a la red de drenaje, nueve tanques tormenta en Iztapalapa fabricados ahí mismo sobre Calzada Ignacio Zaragoza para que no haya retrasos —fabricar el tanque a un lado del hoyo es el equivalente hidráulico de cocinar en la mesa del comensal—, un colector de más de un kilómetro que pasará por debajo de la Línea A sin suspender el Metro, y mil ochocientos millones adicionales en Iztapalapa. Es una hazaña de ingeniería digna de aplauso. También es la factura acumulada de décadas de fingir demencia en una zona cuyo suelo se hundió cuarenta y cinco centímetros en dos años. El oriente de la ciudad no se está hundiendo: se está yendo, y con toda la razón.
En Tlalpan, cerca de la zona de hospitales, los vecinos denuncian que las banquetas están rotas y los pacientes en silla de ruedas tienen que bajarse al arroyo vehicular. O sea: sales de una cirugía y la ciudad te ofrece, gratis, la oportunidad de necesitar otra. Eficiencia.
Y para que nadie se sienta discriminado, un estudio detectó que el polvo callejero de prácticamente todas las calles de la capital trae antimonio, cobre y plomo, con riesgo de cáncer. Es decir: si no te traga el socavón, si no te alcanza la ladera, si sobrevives a la banqueta, todavía te queda el aire. Aquí la muerte no discrimina por alcaldía; es la única institución verdaderamente incluyente.
Capítulo policías. Cayeron seis elementos en activo —cinco capitalinos y un agente de la Policía de Investigación— presuntamente organizados en dos bandas dedicadas al robo a casa habitación, con otras diez órdenes de aprehensión pendientes. Y por otro lado, cinco uniformados más detenidos en Iztapalapa por tentativa de homicidio y robo. Uno entiende ahora por qué las patrullas tardan: andan trabajando doble turno. Lo elegante del asunto es que ya no hace falta que te roben y luego llames a la policía. Ahora es servicio integral, puerta a puerta.
El Metro, por su parte, publicó la estadística más deprimente del año: novecientos tres objetos cayeron a las vías en año y medio, con mil cuatrocientos cuarenta minutos de retraso, y el campeón absoluto es el celular. La Línea 3 lidera, claro. Una ciudad entera parada porque alguien iba viendo un video vertical justo cuando llegaba el convoy. No es negligencia, es poesía: el aparato con el que huimos de la ciudad terminó deteniéndola.
En el terreno político, la FGR detuvo al exgobernador panista de Baja California Ernesto Ruffo Appel por presunta delincuencia organizada y contrabando de combustible, dentro de una red que la fiscal Ernestina Godoy calificó de "colosal", y también cayó su socio en Ingemar. El PAN respondió con la frase del año: "nadie está por encima de la ley, pero tampoco por debajo del debido proceso", que es lo que uno dice cuando quiere defender sin abrazar. Otro partido pidió la liberación inmediata y habló de distracción. Todos tienen razón parcial y ninguno tiene ganas de esperar a que un juez haga su chamba, que es exactamente lo que pide la presunción de inocencia que todos invocan.
Y como el mundo no iba a dejarnos monopolizar el absurdo, Donald Trump dedicó veinticuatro minutos a decir que el sistema electoral estadounidense está roto, desclasificó papeles que —según reportes— no probaron que nadie cambiara un voto, acusó a China de tener datos de doscientos veinte millones de votantes, sacó a Chávez y Maduro del archivero de la CIA y anunció que bajará a la cancha el domingo a entregar el trofeo del Mundial. El hombre no cree en las máquinas de votación pero sí en las cámaras. Coherencia.
Mientras tanto, en la Glorieta de Insurgentes, nueve gatos y cuatro perros encontraron familia. Es la única noticia del día en la que alguien salió mejor de como entró. Adopte usted también: al menos el perro no le va a robar la tele.