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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 12 de agosto, 2026
Ciudad de México Nota 17 de julio de 2026

El Metro se detiene por tu celular y no, no es culpa del gobierno

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El Metro se detiene por tu celular y no, no es culpa del gobierno
El Sistema de Transporte Colectivo soltó una cifra que merece marco: de 2025 a la fecha, 903 objetos cayeron a las vías, provocando mil 440 minutos de retraso. Eso es un día completo de operación perdido. Un día entero de esta ciudad, evaporado, porque alguien no supo agarrar bien su teléfono. El artículo más frecuente en caer, por supuesto, fue el celular. La línea campeona es la 3, esa que va de Indios Verdes a Universidad y que carga con estudiantes, oficinistas y toda la gama de personas que no pueden esperar veinte minutos sin ver una pantalla.

Cada caída no es solo agacharse y recogerlo. Hay que cortar la energía, hacer maniobras, revisar la vía para descartar daños. Es decir: un aparato que cabe en la palma de la mano puede paralizar un sistema que mueve millones. Ninguna marcha, ningún bloqueo, ninguna manifestación tiene esa eficiencia. Los grandes movimientos sociales de este país llevan décadas intentando detener la ciudad con la potencia con la que un iPhone lo logra en tres segundos.

Y hay que imaginar la escena, porque es shakespeareana. El convoy entrando. El teléfono resbalando. Ese medio segundo de física pura en que la mano intenta un manotazo desesperado y falla. Y luego el silencio. La mirada al abismo. La decisión moral más difícil del ciudadano capitalino: avisar y cargar con la culpa de que doscientas personas lleguen tarde, o hacerse el occiso, subir al vagón y vivir el resto de tu vida sabiendo que fuiste tú.

Lo poético del asunto es la ironía. Nos metemos al Metro y sacamos el teléfono precisamente para no estar en el Metro: para no ver la axila del de junto, para no oler el vagón, para no pensar en el tiempo que la ciudad nos cobra todos los días. El celular es nuestra cápsula de escape. Y resulta que la cápsula de escape es lo que nos deja atorados. Muy bonito. Muy nuestro.

No hay culpables aquí más allá de nosotros. En una ciudad donde todo se le echa a la autoridad —y con razón buena parte del tiempo—, el Metro nos entrega el espejo más incómodo del año: mil 440 minutos de retraso no los causó ningún funcionario, ningún recorte, ninguna corrupción. Los causamos nosotros, uno por uno, viendo un video vertical parados en la orilla del andén.

Guarda el teléfono treinta segundos. Míralo así: son treinta segundos que le regalas a la ciudad, y la ciudad, de por sí, ya te debe demasiado.