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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 13 de agosto, 2026
Chihuahua Nota 15 de junio de 2026

Pancho Villa y la malteada de fresa: la Revolución que se peleaba por un popote

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Pancho Villa y la malteada de fresa: la Revolución que se peleaba por un popote
Crecimos con la imagen del general bravío, sombrero calado, cananas cruzadas y mirada de no-me-tiembla-el-pulso. Y resulta que, según coinciden historiadores y guías turísticos, Francisco Villa era abstemio y su gran vicio confeso eran las malteadas de fresa que pedía en las fuentes de sodas del Walgreens de El Paso. El Centauro del Norte cruzaba la frontera no a tomar plazas, sino a tomar batido. Que alguien avise a los libros de texto.

Uno entiende ahora muchas cosas. La furia legendaria, la energía inagotable para cabalgar de noche, la capacidad de aparecer en dos lugares a la vez: puro azúcar. Detrás de cada gran revolucionario hay, al parecer, un subidón de jarabe rosa. Y mientras medio país lo imaginaba brindando con mezcal alrededor de la fogata, el hombre estaba del otro lado del río pidiendo 'una de fresa, con harta crema'. La épica nacional, sostenida con crema batida.

Lo entrañable del dato es lo profundamente chihuahuense que resulta. Aquí la frontera siempre ha sido eso: ir al otro lado por lo que falta de este, ya sea libertad, mercancía o un postre que no se conseguía en el rancho. Villa, sin saberlo, inauguró la tradición del fronterizo que cruza por un antojo gringo y regresa como si nada. Si viviera hoy, tendría tarjeta de cliente frecuente y se quejaría de la fila en migración igual que todos.

Claro que el mito se resiste. Cuesta reconciliar al estratega temido con el señor que se relame frente a una soda. Pero quizá ahí está la grandeza humana: el tipo que ponía a temblar gobiernos también disfrutaba de los placeres más simples y dulces. La historia, terca, insiste en humanizar a sus bronces, y este detalle lo logra mejor que mil estatuas ecuestres. Ninguna escultura lo ha capturado con un vaso en la mano, y va siendo hora.

Así que la próxima vez que pase frente a un monumento al Centauro, párese un momento y piénselo: ese hombre de gesto severo, fundido en metal para la eternidad, soñaba con fresa y crema. La Revolución no se hizo solo con pólvora. También, al parecer, con un buen sorbo helado en El Paso. Salud, mi general, con popote y todo.