Nos devuelven la carta pero nos guardan el palco: manual de dignidad con boleto de cortesía
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Semana redonda para la diplomacia mexicana, que en cuestión de días logró dos hitos aparentemente contradictorios y en realidad perfectamente compatibles.
Hito uno: el gobierno de Estados Unidos devolvió, sin abrir el sobre metafórico, las cartas de protesta que México envió por las muertes de connacionales en centros de detención migratoria. El embajador Roberto Lazzeri fue recibido en Washington y salió con los papeles de regreso en la mano, con el argumento estadounidense de que el documento "pretendía dictar las acciones del personal del Gobierno de los Estados Unidos que opera en territorio soberano estadounidense". La Embajada de México respondió que las preocupaciones ya se habían planteado por la vía diplomática. Traducción libre: ya se los habíamos dicho, y también nos ignoraron entonces.
Hito dos: la presidenta Claudia Sheinbaum asistirá este domingo a la final del Mundial en Nueva York entre España y Argentina, por invitación directa de Donald Trump. "Tomé la decisión de sí asistir porque pues es una invitación directa del Presidente de los Estados Unidos", explicó. Ahí estará también el primer ministro Mark Carney. Foto de tres, palomitas y un balón.
Es una secuencia narrativa magnífica: el lunes te regreso tu carta, el domingo te aparto lugar. Es la relación bilateral en su forma más pura, esa donde México pone la indignación en comunicado y la sonrisa en la tribuna. Mientras tanto, la Cámara de Diputados y organizaciones de migrantes le piden al Alto Comisionado de la ONU, Volker Türk, que revise si hubo violaciones graves a derechos humanos en los operativos del ICE, tras casos como el de Lorenzo Salgado Araujo. Ese expediente, evidentemente, no viene con boleto.
Y todo esto ocurre con la tercera ronda del T-MEC arrancando el 21 de julio en la Ciudad de México y con el representante comercial estadounidense Jamieson Greer aterrizando del 22 al 24 para hablar de acero, aluminio, automotriz y agricultura con Marcelo Ebrard. Ahí está la explicación completa de la geometría: uno no le arma un pleito serio al señor que decide los aranceles de tu industria automotriz tres días antes de sentarse a negociarlos. La dignidad es cara y el T-MEC es carísimo.
Por si faltara majestad al asunto, el Mundial que termina el domingo tampoco alcanzó las metas turísticas, económicas ni de consumo que el gobierno federal prometió: 13 de 104 partidos, estadios llenos, euforia, y un PIB que ni se despeinó. El gol económico se fue por encima del travesaño.
En el norte, mientras tanto, la geopolítica se vive distinto. En el zoológico de El Paso, un rinoceronte llamado Taj hará su pronóstico para la final. Y honestamente: entre un paquidermo eligiendo entre España y Argentina y una cancillería eligiendo entre la protesta y el palco, el rinoceronte tiene mejor prensa, menos conflictos de interés y una tasa de acierto histórica probablemente superior.
Que gane quien gane. Aquí ya sabemos quién invita y quién agradece.
Hito uno: el gobierno de Estados Unidos devolvió, sin abrir el sobre metafórico, las cartas de protesta que México envió por las muertes de connacionales en centros de detención migratoria. El embajador Roberto Lazzeri fue recibido en Washington y salió con los papeles de regreso en la mano, con el argumento estadounidense de que el documento "pretendía dictar las acciones del personal del Gobierno de los Estados Unidos que opera en territorio soberano estadounidense". La Embajada de México respondió que las preocupaciones ya se habían planteado por la vía diplomática. Traducción libre: ya se los habíamos dicho, y también nos ignoraron entonces.
Hito dos: la presidenta Claudia Sheinbaum asistirá este domingo a la final del Mundial en Nueva York entre España y Argentina, por invitación directa de Donald Trump. "Tomé la decisión de sí asistir porque pues es una invitación directa del Presidente de los Estados Unidos", explicó. Ahí estará también el primer ministro Mark Carney. Foto de tres, palomitas y un balón.
Es una secuencia narrativa magnífica: el lunes te regreso tu carta, el domingo te aparto lugar. Es la relación bilateral en su forma más pura, esa donde México pone la indignación en comunicado y la sonrisa en la tribuna. Mientras tanto, la Cámara de Diputados y organizaciones de migrantes le piden al Alto Comisionado de la ONU, Volker Türk, que revise si hubo violaciones graves a derechos humanos en los operativos del ICE, tras casos como el de Lorenzo Salgado Araujo. Ese expediente, evidentemente, no viene con boleto.
Y todo esto ocurre con la tercera ronda del T-MEC arrancando el 21 de julio en la Ciudad de México y con el representante comercial estadounidense Jamieson Greer aterrizando del 22 al 24 para hablar de acero, aluminio, automotriz y agricultura con Marcelo Ebrard. Ahí está la explicación completa de la geometría: uno no le arma un pleito serio al señor que decide los aranceles de tu industria automotriz tres días antes de sentarse a negociarlos. La dignidad es cara y el T-MEC es carísimo.
Por si faltara majestad al asunto, el Mundial que termina el domingo tampoco alcanzó las metas turísticas, económicas ni de consumo que el gobierno federal prometió: 13 de 104 partidos, estadios llenos, euforia, y un PIB que ni se despeinó. El gol económico se fue por encima del travesaño.
En el norte, mientras tanto, la geopolítica se vive distinto. En el zoológico de El Paso, un rinoceronte llamado Taj hará su pronóstico para la final. Y honestamente: entre un paquidermo eligiendo entre España y Argentina y una cancillería eligiendo entre la protesta y el palco, el rinoceronte tiene mejor prensa, menos conflictos de interés y una tasa de acierto histórica probablemente superior.
Que gane quien gane. Aquí ya sabemos quién invita y quién agradece.