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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 12 de agosto, 2026
Jalisco Nota 18 de julio de 2026

El río Santiago tiene metales pesados: gracias por el estudio, ya lo olíamos

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El río Santiago tiene metales pesados: gracias por el estudio, ya lo olíamos
La Semarnat reconoció la presencia de metales pesados en el río Santiago, y datos de la Comisión Estatal del Agua lo confirman. Los estudios advierten riesgos para la salud en los municipios cercanos a la cuenca, y los especialistas piden mayor vigilancia sobre las descargas para reducir la contaminación. Es decir: llevamos décadas oliendo el problema y ahora ya tenemos el papelito que lo acredita.

El saneamiento del cauce, dice la nota, continúa como uno de los principales retos ambientales de Jalisco. 'Continúa'. Hermosa palabra. Continúa desde hace tanto que si el río Santiago fuera un trámite ya habría prescrito. Si fuera una novela, ya iría en la temporada quince. Si fuera un niño nacido cuando empezaron las promesas de limpiarlo, hoy ya estaría pagando impuestos y quejándose del tráfico.

La recomendación técnica —vigilar mejor las descargas— es reveladora por lo que implica. Traducido del burocratés al español de Jalisco: alguien ha estado tirando cosas al río durante años y la vigilancia ha sido, digamos, contemplativa. No hace falta un doctorado para saber que el agua no se contamina sola por generación espontánea; alguien la contamina, con dirección fiscal, con giro registrado y probablemente con permiso vigente.

Mientras tanto, en Guadalajara la autoridad municipal plantea que el reto ahora es mejorar la calidad del agua y fortalecer el saneamiento, y busca apoyo federal para las obras. Perfecto. Solo hay que notar la coreografía eterna: el municipio pide a la federación, la federación revisa el presupuesto, el presupuesto se recorta, y el río sigue ahí, paciente, cargando la tabla periódica completa como quien carga las culpas del vecindario.

Y es que el Santiago se ha vuelto el termómetro moral del estado. Presumimos tequila, mariachi, Mundial, matrimonios colectivos con mariachi en Plaza Liberación y hasta una Cybertruck para la policía, pero el río que atraviesa nuestra historia sigue siendo un caso clínico. Podemos organizar setecientas bodas en una tarde pero no un sistema de sanciones a quien descarga.

La buena noticia es que ya hay datos. La mala es que los datos, por sí solos, no filtran nada. Un análisis no es una planta de tratamiento. Un comunicado no es una multa. Y el reconocimiento oficial de un problema, en este país, muchas veces es solo el primer capítulo de una espera larguísima.

Ojalá que esta vez sí. Ojalá que los estudios se vuelvan inspecciones, las inspecciones se vuelvan clausuras y el río vuelva a ser río. Mientras tanto, los vecinos de la cuenca seguirán haciendo lo único que han podido hacer: respirar poco y esperar mucho.