Sabemos dónde están las tragamonedas: hay hasta mapa oficial
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En Morelia se realizó un cateo la noche del jueves con autoridades de los tres niveles de gobierno y el resultado fue el aseguramiento de 16 máquinas tragamonedas y la detención de una mujer, en pleno Centro Histórico. Hasta ahí, una nota de rutina. Lo interesante vino después, cuando el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de Morelia, José Pablo Alarcón Olmedo, informó cuáles son las zonas con más negocios de tragamonedas en la ciudad: el Centro y las salidas a Pátzcuaro y Salamanca.
O sea que tenemos censo. Tenemos geografía. Tenemos un mapa razonablemente preciso de dónde ocurre el fenómeno, ofrecido por la propia autoridad y publicado en los periódicos para que cualquier ciudadano lo consulte con su café. Lo único que no tenemos, aparentemente, es prisa.
Es un género literario muy michoacano: el diagnóstico impecable seguido del operativo homeopático. Dieciséis máquinas. En una ciudad donde, según la misma declaración, hay tres corredores completos dedicados al giro. A ese ritmo, la limpieza del Centro Histórico terminará más o menos cuando concluya la segunda etapa de rehabilitación del templo de Capuchinas, que por cierto se presentará hasta 2027 y costará al menos cinco millones de pesos. Morelia avanza, pero en modo procesión.
Detengámonos también en el despliegue: tres niveles de gobierno coordinados —federación, estado y municipio, esa trinidad que jamás se pone de acuerdo para un semáforo— convergiendo en un local para llevarse dieciséis aparatos de feria. Cuando la coordinación interinstitucional funciona, funciona. La pregunta incómoda no es cómo se logró, sino por qué se usa con cuentagotas en un asunto cuyo domicilio es de dominio público.
Y hay que decirlo sin moralina barata: las tragamonedas de barrio no son un vicio de ricos. Son el ahorro de gente que pone veinte pesos esperando cambiar de suerte porque las otras rutas están cerradas. Mientras el estado presume que su fortaleza económica está en las franquicias de belleza y comida rápida, hay quien apuesta su quincena en una maquinita del Centro. Ambas son economías de servicios, solo que una sale en la Expo de Guadalajara y la otra sale en el cateo.
La buena noticia es que la autoridad ya nos dijo dónde buscar. La mala es que también se lo dijo a todo mundo, incluidos los interesados en mudarse de esquina antes del próximo operativo. Ojalá el siguiente comunicado traiga menos cartografía y más resultados. O por lo menos que nos avisen si las máquinas también terminan extraviadas dentro de alguna dependencia; últimamente eso pasa.
O sea que tenemos censo. Tenemos geografía. Tenemos un mapa razonablemente preciso de dónde ocurre el fenómeno, ofrecido por la propia autoridad y publicado en los periódicos para que cualquier ciudadano lo consulte con su café. Lo único que no tenemos, aparentemente, es prisa.
Es un género literario muy michoacano: el diagnóstico impecable seguido del operativo homeopático. Dieciséis máquinas. En una ciudad donde, según la misma declaración, hay tres corredores completos dedicados al giro. A ese ritmo, la limpieza del Centro Histórico terminará más o menos cuando concluya la segunda etapa de rehabilitación del templo de Capuchinas, que por cierto se presentará hasta 2027 y costará al menos cinco millones de pesos. Morelia avanza, pero en modo procesión.
Detengámonos también en el despliegue: tres niveles de gobierno coordinados —federación, estado y municipio, esa trinidad que jamás se pone de acuerdo para un semáforo— convergiendo en un local para llevarse dieciséis aparatos de feria. Cuando la coordinación interinstitucional funciona, funciona. La pregunta incómoda no es cómo se logró, sino por qué se usa con cuentagotas en un asunto cuyo domicilio es de dominio público.
Y hay que decirlo sin moralina barata: las tragamonedas de barrio no son un vicio de ricos. Son el ahorro de gente que pone veinte pesos esperando cambiar de suerte porque las otras rutas están cerradas. Mientras el estado presume que su fortaleza económica está en las franquicias de belleza y comida rápida, hay quien apuesta su quincena en una maquinita del Centro. Ambas son economías de servicios, solo que una sale en la Expo de Guadalajara y la otra sale en el cateo.
La buena noticia es que la autoridad ya nos dijo dónde buscar. La mala es que también se lo dijo a todo mundo, incluidos los interesados en mudarse de esquina antes del próximo operativo. Ojalá el siguiente comunicado traiga menos cartografía y más resultados. O por lo menos que nos avisen si las máquinas también terminan extraviadas dentro de alguna dependencia; últimamente eso pasa.