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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 12 de agosto, 2026
Ciudad de México Nota 18 de julio de 2026

La cultura del pueblo de México cuesta 162 pesos más propina

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La cultura del pueblo de México cuesta 162 pesos más propina
Doña Lola Olmedo dejó por escrito, con esa terquedad de las mujeres que saben lo que están firmando, que las obras reunidas en la que fue su casa sirvieran para enriquecer la cultura del pueblo de México. No dijo "del pueblo con tarjeta". No dijo "del pueblo que puede pagar 162 pesos". Dijo el pueblo, así, en general, ese sustantivo incómodo que en los testamentos suena precioso y en las taquillas resulta carísimo.

El caso es que vecinos de Xochimilco andan juntando firmas para reforzar la petición que hicieron al fideicomiso del museo: que se restablezca la entrada gratuita todos los martes, como existía antes de la pandemia. El Comité en Defensa del Museo Dolores Olmedo lo solicitó formalmente el 7 de julio, y su argumento es de una simplicidad devastadora: cobrar 162 pesos limita la cultura a sólo un sector de la población y contradice la última voluntad de la fundadora. Tras la reapertura, dicen, el acceso a personas de escasos ingresos quedó restringido.

Ciento sesenta y dos pesos. Fíjense en el número. No es 150, que sería un redondeo cordial. No es 200, que sería un asalto honesto. Es 162, con esos dos pesitos finales que delatan a un Excel. Alguien se sentó a calcular costos de operación, mantenimiento, seguros, museografía, y llegó a esa cifra con la conciencia tranquila, porque en la hoja de cálculo la palabra "pueblo" no es una celda.

Pongámoslo en unidades locales. Ciento sesenta y dos pesos son poco más de un tercio de lo que, según las estimaciones, gastó en promedio un capitalino por cada partido del Mundial. Somos, oficialmente, una ciudad donde ver a once señores correr detrás de un balón cuesta casi tres veces lo que ver a Frida, a Diego y a una colección que alguien decidió heredarnos.

Y sí, ya sé el contraargumento: los museos cuestan. Las nóminas cuestan. La restauración cuesta. Los xoloitzcuintles comen. Todo eso es cierto y nadie serio lo niega. Pero el martes gratis no era una limosna, era el mecanismo por el cual la casa cumplía su encargo original una vez a la semana. Era el día en que el testamento se hacía verbo. Quitarlo no es un ajuste tarifario: es una edición del texto.

Mientras tanto, los vecinos de Xochimilco hacen lo que se hace en este país cuando algo se descompone: juntar firmas. Hoja por hoja, plumón por plumón, con esa fe conmovedora en que un montón de rúbricas puede mover a un fideicomiso. A veces funciona. A veces la hoja se archiva.

Lo que queda es la escena: una casa llena de arte, hecha para el pueblo, con una taquilla en la puerta y un pueblo del otro lado calculando si le alcanza. Doña Lola coleccionó a Diego Rivera durante décadas. Nadie le advirtió que al final iba a hacer falta también coleccionar abogados.