Reunión de trabajo, carne asada y árbol genealógico: todo en la misma quinta
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Hay decisiones que se explican solas y otras que se explican demasiado bien. El gobernador de Nuevo León, Samuel García, se reunió este viernes con sus alcaldes, diputados y colaboradores más cercanos. Hasta ahí, rutina republicana. El detalle está en la sede: la quinta de David Sánchez, en General Terán. David Sánchez es cuñado del mandatario. David Sánchez es también alcalde de General Terán. Dos datos que, juntos, forman una figura geométrica conocida en México como "la familia primero".
Entendamos el mérito logístico. Organizar una reunión política implica conseguir lugar discreto, con sombra, con estacionamiento, con anfitrión de confianza y sin filtraciones. Si tu cuñado tiene quinta y además gobierna el municipio donde está la quinta, resolviste seguridad, protocolo y menú en una sola llamada telefónica. Es eficiencia pura. Coparmex debería incluirlo como caso de éxito en NLínea: trámite en línea, cero requisitos, respuesta inmediata, porque contesta el mismo señor.
Que nadie se altere: reunirse con aliados no es delito, y celebrar en propiedad de un pariente tampoco. Aquí no acusamos nada. Aquí solamente admiramos la estética. Porque en un estado donde se discute a gritos la transparencia de miles de millones de pesos de la Red Estatal de Autopistas, donde un alcalde con licencia madruga a la Auditoría Superior, y donde el Triángulo Norte lleva más tiempo en obra que algunos matrimonios, la imagen de la cúpula política deliberando en la propiedad del concuño-alcalde tiene algo de poema. No de poema bonito. De poema de secundaria, con rima forzada, pero poema.
Uno se imagina la escena: el asador prendido, los diputados asintiendo con ese entusiasmo particular del que sabe que la nómina depende del volumen de su aplauso, los alcaldes calculando cuánto presupuesto vale una sonrisa bien colocada, y el anfitrión ejerciendo simultáneamente sus dos cargos: dueño de la casa y autoridad municipal. Si hubiera una queja vecinal por ruido, el trámite se resolvía en la misma mesa.
Lo verdaderamente notable es la naturalidad. En otros tiempos, estas reuniones se hacían en salones neutros, con mantel largo y coartada institucional. Hoy ni eso. Hoy se hace en la quinta del cuñado y se informa con total tranquilidad, porque el pudor político mexicano murió hace rato y lo enterramos sin misa.
Mientras tanto, allá afuera, el Nuevo León real sigue su curso: la banqueta del puente Cuauhtémoc se hunde, una plaza de la colonia Hidalgo lleva medio año de basurero, un oso salió del quirófano por culpa de la carretera y un motociclista murió en García. Ninguno de ellos tiene quinta, cuñado ni municipio. Solo tienen la esperanza de que alguna de esas reuniones cercanas y familiares produzca algo más que humo de mezquite.
Y si no, pues al menos que inviten. Los contribuyentes pagamos la mitad de la carne.
Entendamos el mérito logístico. Organizar una reunión política implica conseguir lugar discreto, con sombra, con estacionamiento, con anfitrión de confianza y sin filtraciones. Si tu cuñado tiene quinta y además gobierna el municipio donde está la quinta, resolviste seguridad, protocolo y menú en una sola llamada telefónica. Es eficiencia pura. Coparmex debería incluirlo como caso de éxito en NLínea: trámite en línea, cero requisitos, respuesta inmediata, porque contesta el mismo señor.
Que nadie se altere: reunirse con aliados no es delito, y celebrar en propiedad de un pariente tampoco. Aquí no acusamos nada. Aquí solamente admiramos la estética. Porque en un estado donde se discute a gritos la transparencia de miles de millones de pesos de la Red Estatal de Autopistas, donde un alcalde con licencia madruga a la Auditoría Superior, y donde el Triángulo Norte lleva más tiempo en obra que algunos matrimonios, la imagen de la cúpula política deliberando en la propiedad del concuño-alcalde tiene algo de poema. No de poema bonito. De poema de secundaria, con rima forzada, pero poema.
Uno se imagina la escena: el asador prendido, los diputados asintiendo con ese entusiasmo particular del que sabe que la nómina depende del volumen de su aplauso, los alcaldes calculando cuánto presupuesto vale una sonrisa bien colocada, y el anfitrión ejerciendo simultáneamente sus dos cargos: dueño de la casa y autoridad municipal. Si hubiera una queja vecinal por ruido, el trámite se resolvía en la misma mesa.
Lo verdaderamente notable es la naturalidad. En otros tiempos, estas reuniones se hacían en salones neutros, con mantel largo y coartada institucional. Hoy ni eso. Hoy se hace en la quinta del cuñado y se informa con total tranquilidad, porque el pudor político mexicano murió hace rato y lo enterramos sin misa.
Mientras tanto, allá afuera, el Nuevo León real sigue su curso: la banqueta del puente Cuauhtémoc se hunde, una plaza de la colonia Hidalgo lleva medio año de basurero, un oso salió del quirófano por culpa de la carretera y un motociclista murió en García. Ninguno de ellos tiene quinta, cuñado ni municipio. Solo tienen la esperanza de que alguna de esas reuniones cercanas y familiares produzca algo más que humo de mezquite.
Y si no, pues al menos que inviten. Los contribuyentes pagamos la mitad de la carne.