El oso pide disculpas por haberse atravesado en su fraccionamiento
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Un oso negro fue atropellado el miércoles en la Carretera Nacional. Resultado: fractura de fémur en la pata trasera derecha, dos fisuras en la cadera y una cirugía pendiente con especialistas. Está estable, dicen las autoridades. Estable, en el sentido de que respira y no tiene abogado.
El mismo día, el director del Departamento de Flora y Fauna de Parques y Vida Silvestre soltó la frase del año: "Deberíamos, de cierta forma, normalizar que las especies utilicen nuestro entorno para desplazarse". Léase con calma. NUESTRO entorno. El oso, que llevaba unos cuantos miles de años administrando la Sierra Madre Oriental sin necesidad de plan parcial de desarrollo urbano, ahora es visitante en propiedad ajena. Nosotros llegamos con retroexcavadora, fraccionamos el cerro, le pusimos nombre de bosque europeo al condominio —Residencial Los Robles, Altos del Encino, Privada Sierra Viva— y ahora resulta que el intruso es el que ya vivía ahí.
Es la lógica inmobiliaria regia en estado puro: primero se vende la vista al cerro, después se construye encima del cerro, y al final se emite un comunicado pidiéndole a la fauna que se normalice. Falta poco para que le exijamos al oso que saque credencial de vecino, pague cuota de mantenimiento y respete el reglamento interno de la caseta.
Los diputados locales, siempre atentos a las tragedias de martes a jueves, anunciaron que exhortarán a revisar los permisos de construcción en las zonas serranas. El presidente de la Comisión de Desarrollo Urbano aclaró, con esa prudencia que no compromete a nada, que no están en contra del crecimiento de la ciudad, sino que sea ordenado. Todos estamos a favor del orden. El problema es que en Nuevo León "orden" es un adjetivo que se aplica retroactivamente, cuando la loza ya está colada y el oso ya está en el quirófano.
Y conste que aquí no hay villanos de caricatura. Hay una ciudad que crece porque somos la entidad que lidera anuncios de inversión en el país, que proyecta 10 mil millones de dólares en data centers, que necesita casas para la gente que llega. Perfecto. Pero crecer hacia arriba del cerro no es crecimiento, es escalada. Y en toda escalada alguien se cae. Esta vez fue el oso; ya antes fueron los arroyos, los venados, los zorros y ese pedazo de horizonte que a los regios nos gustaba señalar cuando venía visita de fuera.
El ejemplar será operado por especialistas. Ojalá salga bien. Ojalá camine. Y ojalá, cuando lo devuelvan a la sierra, todavía quede sierra a donde devolverlo, y no un letrero de preventa con financiamiento a 20 años y amenidades pet friendly. Porque pet friendly sí somos. Bear friendly, todavía no.
El mismo día, el director del Departamento de Flora y Fauna de Parques y Vida Silvestre soltó la frase del año: "Deberíamos, de cierta forma, normalizar que las especies utilicen nuestro entorno para desplazarse". Léase con calma. NUESTRO entorno. El oso, que llevaba unos cuantos miles de años administrando la Sierra Madre Oriental sin necesidad de plan parcial de desarrollo urbano, ahora es visitante en propiedad ajena. Nosotros llegamos con retroexcavadora, fraccionamos el cerro, le pusimos nombre de bosque europeo al condominio —Residencial Los Robles, Altos del Encino, Privada Sierra Viva— y ahora resulta que el intruso es el que ya vivía ahí.
Es la lógica inmobiliaria regia en estado puro: primero se vende la vista al cerro, después se construye encima del cerro, y al final se emite un comunicado pidiéndole a la fauna que se normalice. Falta poco para que le exijamos al oso que saque credencial de vecino, pague cuota de mantenimiento y respete el reglamento interno de la caseta.
Los diputados locales, siempre atentos a las tragedias de martes a jueves, anunciaron que exhortarán a revisar los permisos de construcción en las zonas serranas. El presidente de la Comisión de Desarrollo Urbano aclaró, con esa prudencia que no compromete a nada, que no están en contra del crecimiento de la ciudad, sino que sea ordenado. Todos estamos a favor del orden. El problema es que en Nuevo León "orden" es un adjetivo que se aplica retroactivamente, cuando la loza ya está colada y el oso ya está en el quirófano.
Y conste que aquí no hay villanos de caricatura. Hay una ciudad que crece porque somos la entidad que lidera anuncios de inversión en el país, que proyecta 10 mil millones de dólares en data centers, que necesita casas para la gente que llega. Perfecto. Pero crecer hacia arriba del cerro no es crecimiento, es escalada. Y en toda escalada alguien se cae. Esta vez fue el oso; ya antes fueron los arroyos, los venados, los zorros y ese pedazo de horizonte que a los regios nos gustaba señalar cuando venía visita de fuera.
El ejemplar será operado por especialistas. Ojalá salga bien. Ojalá camine. Y ojalá, cuando lo devuelvan a la sierra, todavía quede sierra a donde devolverlo, y no un letrero de preventa con financiamiento a 20 años y amenidades pet friendly. Porque pet friendly sí somos. Bear friendly, todavía no.