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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 14 de agosto, 2026
Jalisco Nota 15 de junio de 2026

La apología que el propio legislador ya había prohibido (con su voto)

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La apología que el propio legislador ya había prohibido (con su voto)
Existe un género literario poco explorado: el del político que se autodenuncia sin querer. Su exponente más reciente es el presidente de la Mesa Directiva del Congreso de Michoacán, quien ordenó a una agrupación musical interpretar un narcocorrido dentro del salón de plenos, en una convivencia del Día del Padre organizada para el sindicato del Poder Legislativo. La canción se titula 'Se les peló Baltazar' y rinde culto a un conocido operador del crimen organizado. Hasta aquí, una metida de pata clásica. El giro de tuerca es que el mismo diputado votó a favor de las reformas al Código Penal estatal que castigan la apología del delito con tres a seis meses de prisión.

Es decir: legisló la cuerda, tendió la cuerda, y luego se subió a la cuerda a cantar. Pocas veces la justicia poética y la justicia penal coinciden con tanta puntería. El hombre construyó la ratonera, le puso queso, le pintó un letrero de 'prohibido' que él mismo aprobó, y después entró bailando.

Vino, por supuesto, el videomensaje. La disculpa pública 'a la ciudadanía'. La declaración de que su intención 'nunca fue generar molestias ni vulnerar la solemnidad del recinto'. Faltó únicamente que la banda lo acompañara en la disculpa, para devolverle al pleno la solemnidad por la misma vía sonora que se la quitó. Porque hay algo conmovedoramente honesto en disculparse por un corrido sin reconocer que el problema no fue la melodía, sino el aplauso.

La Secretaría de Gobierno estatal ya abrió investigación. Y aquí es donde el sainete se pone serio: si la ley que él mismo respaldó significa algo, tendrá que aplicarse con la misma vara para todos, empezando por quien la firmó. Si no, habremos descubierto que la apología del delito es como el aforo de las zonas fan: una regla escrita para que la respeten los demás.

No es asunto menor de etiqueta parlamentaria. En un país donde los corridos llevan décadas convertidos en relaciones públicas no remuneradas del hampa, que un recinto legislativo —el sitio donde supuestamente se decide lo contrario— se preste de pista de baile para esa narrativa, dice mucho de qué tan honda está la raíz. El político no inventó el fenómeno; apenas lo subió al estrado oficial y le prendió el micrófono.

Lo que queda es una postal perfecta de la incoherencia: el guardián de la solemnidad pidiendo que toquen la canción que su propio código manda callar. En El Destiempo no proponemos sentencias —para eso están los jueces—, pero sí una moraleja gratuita: cuando uno aprueba una ley con la mano derecha, conviene no marcar el compás con la izquierda. El pleno tiene memoria, las redes más, y la banda, para colmo, afina muy bien.