La ciudad que se fue a la final y dejó la llave del agua abierta
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Domingo de final del Mundial y la Ciudad de México amaneció como amanece siempre: con el Metro haciendo terapia de pareja consigo mismo, con vecinos gritándole a una grúa y con el gobierno federal resolviendo un problema logístico de altísima prioridad nacional, a saber, cómo llegar a Nueva York a ver un partido.
Empecemos por ahí, porque es el drama más redondo del fin de semana. La presidenta aceptó la invitación de su homólogo estadounidense para la final. Iba a volar desde Cancún en vuelo comercial —gesto de austeridad que merece su placa conmemorativa— pero el clima neoyorquino canceló la operación. Solución: avión militar de la Sedena. O sea, la austeridad duró exactamente hasta que hubo tormenta eléctrica. En el país donde miles de personas pierden un vuelo y se quedan tres días durmiendo en la sala B, aquí el plan B tiene turbinas propias y bienvenida diplomática en la pista. Se explicó, además, que la asistencia "demuestra que hay comunicación y coordinación" con el vecino del norte. Nada coordina tanto a dos naciones como un palco.
Mientras el avión despegaba, en Santa María la Ribera los vecinos denunciaban dieciocho megaproyectos inmobiliarios cayendo sobre una de las colonias más antiguas de la ciudad, con desabasto de agua, drenaje saturado y calles hechas gis. Uno entiende la lógica: si el Plan Parcial de Desarrollo Urbano fuera respetado, ¿para qué tendríamos abogados? El Kiosco Morisco lleva más de un siglo ahí y nunca pidió un cambio de uso de suelo; qué poco emprendedor.
En el Pedregal, en cambio, hubo final feliz de esas que casi no se dan: la constructora que quería un centro comercial en Cráter 643 retiró su solicitud después de que la PAOT calculara que el proyecto consumiría agua y generaría basura hasta 117 veces más que un uso habitacional. Ciento diecisiete veces. Es decir, no era una plaza comercial, era un organismo vivo con sed. Se retiraron con elegancia, como el que se levanta de la mesa antes de que llegue la cuenta, y todos sabemos que volverán en otro restaurante.
Hablando de convivencia: la PAOT recibe 3.3 denuncias diarias por ruido, y la alcaldía Cuauhtémoc concentra los corredores más estruendosos. Tres punto tres. La cifra es tan modesta que revela lo contrario de lo que pretende: significa que la inmensa mayoría de los capitalinos ya se rindió. Denunciar el ruido en esta ciudad es como denunciar la gravedad. El titular dice que hay que actualizar las normas. Habría que actualizar también el oído, que ya viene de fábrica con bocina de tamalero incorporada.
En Gustavo A. Madero, un hombre en situación vulnerable subió a la punta de una torre del Cablebús pasadas las ocho de la mañana y no fue rescatado sino hasta las once. Tres horas de bomberos, paramédicos, escalera telescópica y negociación en el aire. Se resolvió bien, y merece decirse sin ironía. Lo que sí merece ironía es la moraleja urbana: en esta ciudad hasta la desesperación tiene que subirse a un transporte público para que alguien la voltee a ver.
En el Sector Oasis de Iztapalapa, cinco policías capitalinos quedaron en prisión preventiva, imputados por robo y tentativa de homicidio. Se les presume inocentes hasta que un juez diga lo contrario, faltaba más, pero el nombre del sector es una burla del destino: Oasis. En medio del desierto, un lugar donde beber agua. Los vecinos dirán qué encontraron ahí.
Y para no perder la fe en las instituciones, en Zacatecas suspendieron a una jueza federal señalada, entre otras cosas, por presuntamente usar inteligencia artificial para redactar sentencias. Le dedicamos nota aparte, porque el tema da para tesis doctoral y para escalofrío.
En el frente educativo, la jefa de Gobierno anunció comedores populares para universitarios frente a veinte mil jóvenes en la Magdalena Mixiuhca, y de paso apareció en el top 5 de gobernadores mejor evaluados con 61.6 por ciento. Combinación perfecta: comida gratis y encuesta favorable, el ciclo virtuoso de la política mexicana desde 1929.
Canal Once, mientras tanto, suplica que le devuelvan sus instalaciones tomadas hace dos meses, advirtiendo que peligra una videoteca de 67 años. Sesenta y siete años de memoria audiovisual del país sostenidos por un candado y la buena voluntad. Y en Ciudad Universitaria, el VAR del Pumas–Pachuca se apagó en plena revisión de penal: el árbitro llegó al monitor y encontró una pantalla negra, que es exactamente la experiencia de cualquier ciudadano que consulta un trámite en línea un sábado.
El Zócalo tendrá su Fan Festival con pantalla gigante y conciertos gratis. Se pronostican lluvias fuertes de tres a siete de la tarde, con granizo. Vaya usted, empápese, grite. Al final del día, en esta ciudad el drenaje también es un espectáculo deportivo.
Empecemos por ahí, porque es el drama más redondo del fin de semana. La presidenta aceptó la invitación de su homólogo estadounidense para la final. Iba a volar desde Cancún en vuelo comercial —gesto de austeridad que merece su placa conmemorativa— pero el clima neoyorquino canceló la operación. Solución: avión militar de la Sedena. O sea, la austeridad duró exactamente hasta que hubo tormenta eléctrica. En el país donde miles de personas pierden un vuelo y se quedan tres días durmiendo en la sala B, aquí el plan B tiene turbinas propias y bienvenida diplomática en la pista. Se explicó, además, que la asistencia "demuestra que hay comunicación y coordinación" con el vecino del norte. Nada coordina tanto a dos naciones como un palco.
Mientras el avión despegaba, en Santa María la Ribera los vecinos denunciaban dieciocho megaproyectos inmobiliarios cayendo sobre una de las colonias más antiguas de la ciudad, con desabasto de agua, drenaje saturado y calles hechas gis. Uno entiende la lógica: si el Plan Parcial de Desarrollo Urbano fuera respetado, ¿para qué tendríamos abogados? El Kiosco Morisco lleva más de un siglo ahí y nunca pidió un cambio de uso de suelo; qué poco emprendedor.
En el Pedregal, en cambio, hubo final feliz de esas que casi no se dan: la constructora que quería un centro comercial en Cráter 643 retiró su solicitud después de que la PAOT calculara que el proyecto consumiría agua y generaría basura hasta 117 veces más que un uso habitacional. Ciento diecisiete veces. Es decir, no era una plaza comercial, era un organismo vivo con sed. Se retiraron con elegancia, como el que se levanta de la mesa antes de que llegue la cuenta, y todos sabemos que volverán en otro restaurante.
Hablando de convivencia: la PAOT recibe 3.3 denuncias diarias por ruido, y la alcaldía Cuauhtémoc concentra los corredores más estruendosos. Tres punto tres. La cifra es tan modesta que revela lo contrario de lo que pretende: significa que la inmensa mayoría de los capitalinos ya se rindió. Denunciar el ruido en esta ciudad es como denunciar la gravedad. El titular dice que hay que actualizar las normas. Habría que actualizar también el oído, que ya viene de fábrica con bocina de tamalero incorporada.
En Gustavo A. Madero, un hombre en situación vulnerable subió a la punta de una torre del Cablebús pasadas las ocho de la mañana y no fue rescatado sino hasta las once. Tres horas de bomberos, paramédicos, escalera telescópica y negociación en el aire. Se resolvió bien, y merece decirse sin ironía. Lo que sí merece ironía es la moraleja urbana: en esta ciudad hasta la desesperación tiene que subirse a un transporte público para que alguien la voltee a ver.
En el Sector Oasis de Iztapalapa, cinco policías capitalinos quedaron en prisión preventiva, imputados por robo y tentativa de homicidio. Se les presume inocentes hasta que un juez diga lo contrario, faltaba más, pero el nombre del sector es una burla del destino: Oasis. En medio del desierto, un lugar donde beber agua. Los vecinos dirán qué encontraron ahí.
Y para no perder la fe en las instituciones, en Zacatecas suspendieron a una jueza federal señalada, entre otras cosas, por presuntamente usar inteligencia artificial para redactar sentencias. Le dedicamos nota aparte, porque el tema da para tesis doctoral y para escalofrío.
En el frente educativo, la jefa de Gobierno anunció comedores populares para universitarios frente a veinte mil jóvenes en la Magdalena Mixiuhca, y de paso apareció en el top 5 de gobernadores mejor evaluados con 61.6 por ciento. Combinación perfecta: comida gratis y encuesta favorable, el ciclo virtuoso de la política mexicana desde 1929.
Canal Once, mientras tanto, suplica que le devuelvan sus instalaciones tomadas hace dos meses, advirtiendo que peligra una videoteca de 67 años. Sesenta y siete años de memoria audiovisual del país sostenidos por un candado y la buena voluntad. Y en Ciudad Universitaria, el VAR del Pumas–Pachuca se apagó en plena revisión de penal: el árbitro llegó al monitor y encontró una pantalla negra, que es exactamente la experiencia de cualquier ciudadano que consulta un trámite en línea un sábado.
El Zócalo tendrá su Fan Festival con pantalla gigante y conciertos gratis. Se pronostican lluvias fuertes de tres a siete de la tarde, con granizo. Vaya usted, empápese, grite. Al final del día, en esta ciudad el drenaje también es un espectáculo deportivo.