196 toneladas de lirio y un tiradero con cuarenta años de antigüedad
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Nuevo León tiene una relación complicada con las cosas que se acumulan. Unas se retiran en tres meses con operativo y boletín; otras llevan cuarenta años ahí y nadie ha juntado el valor de mirarlas de frente.
Empecemos con la buena. Entre el 13 de abril y el 17 de julio, Santiago retiró 196 toneladas de lirio acuático de la presa La Boca y liberó 36 mil 800 metros cuadrados de superficie que la planta ya tenía tomados por asalto. El lirio, explican las autoridades, se dispara con el calor y las lluvias, tapa el paso de embarcaciones, arruina las actividades recreativas y le quita luz y oxígeno al ecosistema. Es decir: es una planta que llega, ocupa todo, no deja respirar a nadie y no paga renta. En Nuevo León conocemos ese perfil, aunque normalmente viene con casco y letrero de obra.
Hay que reconocerlo: 196 toneladas es un trabajo serio. También es un recordatorio incómodo de que cuando existe voluntad, calendario y una cuadrilla, las cosas se limpian. Guárdese ese dato, porque viene el contraste.
En el fraccionamiento Portal de Xochimilco, en Guadalupe, hay un predio abandonado convertido en basurero. Lleva cuarenta años ahí. Cuarenta. Ese tiradero es contemporáneo de administraciones que ya nadie recuerda, de partidos que cambiaron de nombre, de al menos ocho campañas donde alguien prometió "rescatar espacios públicos". Los vecinos denuncian plagas y desechos; el predio, en cambio, ha demostrado una estabilidad institucional que ya quisieran varias dependencias. Si el basurero fuera empleado público, ya estaría pensionado con antigüedad completa.
Y en la colonia Fomerrey 35, la variante moderna del mismo género. Ahí, cuentan los vecinos, Agua y Drenaje llegó hace aproximadamente un mes a sustituir una tubería dañada y a reparar una alcantarilla. La obra, aparentemente, cumplió. Lo que no cumplió fue el capítulo final: la tierra que se sacó sigue ahí, acumulada, estorbando la movilidad y convirtiendo la calle en un paisaje lunar con clima de horno. Un mes de convivencia con un cerro que nadie invitó.
Es la tragedia clásica de la obra pública regia: la parte que sale en la foto se hace en tiempo récord; la parte que consiste en recoger, barrer y despedirse, esa se queda pendiente para siempre. Se cambia el tubo pero no se retira la tierra. Se corta el listón pero no se levanta el escombro. Se anuncia el proyecto pero el basurero cumple cuatro décadas.
Modesta propuesta: que quien coordinó el retiro del lirio en La Boca dé un curso. Se llamaría "Cómo terminar lo que empezaste", duraría dos horas y sería obligatorio para todas las dependencias del área metropolitana. Con constancia. Y con báscula, para pesar las toneladas de pendientes.
Empecemos con la buena. Entre el 13 de abril y el 17 de julio, Santiago retiró 196 toneladas de lirio acuático de la presa La Boca y liberó 36 mil 800 metros cuadrados de superficie que la planta ya tenía tomados por asalto. El lirio, explican las autoridades, se dispara con el calor y las lluvias, tapa el paso de embarcaciones, arruina las actividades recreativas y le quita luz y oxígeno al ecosistema. Es decir: es una planta que llega, ocupa todo, no deja respirar a nadie y no paga renta. En Nuevo León conocemos ese perfil, aunque normalmente viene con casco y letrero de obra.
Hay que reconocerlo: 196 toneladas es un trabajo serio. También es un recordatorio incómodo de que cuando existe voluntad, calendario y una cuadrilla, las cosas se limpian. Guárdese ese dato, porque viene el contraste.
En el fraccionamiento Portal de Xochimilco, en Guadalupe, hay un predio abandonado convertido en basurero. Lleva cuarenta años ahí. Cuarenta. Ese tiradero es contemporáneo de administraciones que ya nadie recuerda, de partidos que cambiaron de nombre, de al menos ocho campañas donde alguien prometió "rescatar espacios públicos". Los vecinos denuncian plagas y desechos; el predio, en cambio, ha demostrado una estabilidad institucional que ya quisieran varias dependencias. Si el basurero fuera empleado público, ya estaría pensionado con antigüedad completa.
Y en la colonia Fomerrey 35, la variante moderna del mismo género. Ahí, cuentan los vecinos, Agua y Drenaje llegó hace aproximadamente un mes a sustituir una tubería dañada y a reparar una alcantarilla. La obra, aparentemente, cumplió. Lo que no cumplió fue el capítulo final: la tierra que se sacó sigue ahí, acumulada, estorbando la movilidad y convirtiendo la calle en un paisaje lunar con clima de horno. Un mes de convivencia con un cerro que nadie invitó.
Es la tragedia clásica de la obra pública regia: la parte que sale en la foto se hace en tiempo récord; la parte que consiste en recoger, barrer y despedirse, esa se queda pendiente para siempre. Se cambia el tubo pero no se retira la tierra. Se corta el listón pero no se levanta el escombro. Se anuncia el proyecto pero el basurero cumple cuatro décadas.
Modesta propuesta: que quien coordinó el retiro del lirio en La Boca dé un curso. Se llamaría "Cómo terminar lo que empezaste", duraría dos horas y sería obligatorio para todas las dependencias del área metropolitana. Con constancia. Y con báscula, para pesar las toneladas de pendientes.