Doscientos treinta millones que se portaron muy bien y se fueron a dormir temprano
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La Auditoría Superior del Estado de Guanajuato revisó, analizó, deliberó y concluyó que no encontró elementos suficientes para iniciar un procedimiento por faltas administrativas graves contra exfuncionarios por la entrega de 230 millones de pesos a Fiera Capital Inmobiliaria para lo del Estadio León. Denuncia archivada. Punto final. Que pase el que sigue.
Hay que reconocer la eficiencia. En un estado donde una obra de drenaje tarda tres administraciones, donde un arroyo de Irapuato pasó 18 años sin mantenimiento y donde un proyecto de agua tratada lleva años esperando 500 millones que nadie tiene, la maquinaria institucional demostró que sí sabe correr cuando se lo propone: el expediente cerró con la agilidad de un portazo.
Entiéndase bien lo que dijo la Auditoría, porque es importante y hay que ser justos: no dijo que todo estuviera perfecto, dijo que no halló elementos suficientes. Es la fórmula jurídica más elegante del castellano administrativo. Significa que buscaron. Significa que no encontraron. Y significa, sobre todo, que ya no van a seguir buscando.
Lo que queda para el contribuyente guanajuatense es un ejercicio de aritmética doméstica. Doscientos treinta millones de pesos son, por ejemplo, casi la mitad del proyecto que Salamanca necesita para venderle agua tratada a la refinería y que hoy no arranca por falta de recursos. Son ciento sesenta veces el millón cuatrocientos mil que el estado repartió entre 75 emprendedores de catorce municipios en el programa Mi Negocio Pa'delante. Son, para ponerlo en escala del Bajío, muchísimos tractores, muchísimas cámaras de refrigeración de rastro municipal y una cantidad de paletas de tamarindo que alcanzaría para mandar a Corea del Sur a toda la niñez deportiva de Irapuato en clase ejecutiva.
Pero no. Fueron a un tema de futbol. Un estadio. Un inmueble donde once señores corren detrás de un balón y donde, según el arranque del Apertura, ni siquiera corren tan bien.
La moraleja es pedagógica y hay que enseñarla en las secundarias del estado: si vas a pedirle dinero al erario, no lo pidas para una beca, ni para una clínica, ni para tu carrera deportiva. Constitúyete como inmobiliaria. Ponle un nombre con dos palabras en inglés. Y confía en que, llegado el momento de la revisión, los elementos —igual que la delantera de La Fiera— resulten insuficientes.
Mientras tanto, el estadio sigue ahí, sólido, techado, iluminado. Y la denuncia también sigue ahí: en un archivero, calientita, bien guardada, sin faltas graves que la molesten.
Hay que reconocer la eficiencia. En un estado donde una obra de drenaje tarda tres administraciones, donde un arroyo de Irapuato pasó 18 años sin mantenimiento y donde un proyecto de agua tratada lleva años esperando 500 millones que nadie tiene, la maquinaria institucional demostró que sí sabe correr cuando se lo propone: el expediente cerró con la agilidad de un portazo.
Entiéndase bien lo que dijo la Auditoría, porque es importante y hay que ser justos: no dijo que todo estuviera perfecto, dijo que no halló elementos suficientes. Es la fórmula jurídica más elegante del castellano administrativo. Significa que buscaron. Significa que no encontraron. Y significa, sobre todo, que ya no van a seguir buscando.
Lo que queda para el contribuyente guanajuatense es un ejercicio de aritmética doméstica. Doscientos treinta millones de pesos son, por ejemplo, casi la mitad del proyecto que Salamanca necesita para venderle agua tratada a la refinería y que hoy no arranca por falta de recursos. Son ciento sesenta veces el millón cuatrocientos mil que el estado repartió entre 75 emprendedores de catorce municipios en el programa Mi Negocio Pa'delante. Son, para ponerlo en escala del Bajío, muchísimos tractores, muchísimas cámaras de refrigeración de rastro municipal y una cantidad de paletas de tamarindo que alcanzaría para mandar a Corea del Sur a toda la niñez deportiva de Irapuato en clase ejecutiva.
Pero no. Fueron a un tema de futbol. Un estadio. Un inmueble donde once señores corren detrás de un balón y donde, según el arranque del Apertura, ni siquiera corren tan bien.
La moraleja es pedagógica y hay que enseñarla en las secundarias del estado: si vas a pedirle dinero al erario, no lo pidas para una beca, ni para una clínica, ni para tu carrera deportiva. Constitúyete como inmobiliaria. Ponle un nombre con dos palabras en inglés. Y confía en que, llegado el momento de la revisión, los elementos —igual que la delantera de La Fiera— resulten insuficientes.
Mientras tanto, el estadio sigue ahí, sólido, techado, iluminado. Y la denuncia también sigue ahí: en un archivero, calientita, bien guardada, sin faltas graves que la molesten.