La Nicolaita descubre la cura del rezago: se llamaba descuento
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Durante años se nos explicó, con voz grave de académico, que el problema de los pasantes eternos era cultural. Que a los egresados les faltaba compromiso. Que se iban a trabajar y "ya no volvían". Que la generación no tenía la disciplina de antes. Se escribieron diagnósticos, se organizaron foros, se lamentaron rezagos históricos con la solemnidad de quien habla de una tragedia nacional.
Y resulta que no. La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo bajó el costo del trámite de titulación de 15 mil a 4 mil pesos y, oh milagro de la antropología aplicada, aparecieron más de 3 mil personas en proceso de enero a abril de este año, frente a unas 1,800 titulaciones en todo el año anterior. La rectora Yarabí Ávila lo explicó sin rodeos: el aumento tiene que ver con la disminución del costo.
O sea: no era falta de vocación. Era falta de once mil pesos.
Hay algo profundamente michoacano en este descubrimiento. Miles de personas terminaron su carrera, aprobaron todo, hicieron su servicio social, sobrevivieron a los paros, a los exámenes extraordinarios, a los profesores que dictaban el mismo apunte desde el sexenio de Salinas, y se quedaron a un papel de distancia. Un papel que costaba lo mismo que un refrigerador. Y ahí se quedaron, presentándose en las entrevistas de trabajo como "pasante", esa palabra que en el currículum mexicano suena a promesa incumplida.
El dato debería colgarse enmarcado en la oficina de todo funcionario que alguna vez atribuyó un problema público a la apatía ciudadana. Porque la lección es transferible: bajen el costo de cualquier trámite y verán cómo el mexicano, ese ser supuestamente indolente, hace fila desde las seis de la mañana. No somos apáticos. Somos pobres. Es distinto y se resuelve distinto.
Queda, eso sí, la pregunta incómoda que nadie hizo en la entrevista colectiva: si a 4 mil pesos se titulan tres mil, ¿qué estaba pagando el que pagó 15 mil? ¿La cantera del edificio? ¿El servicio de café de la ceremonia? El costo de un trámite administrativo no baja a una cuarta parte porque de pronto se abarataron el papel y la tinta; baja porque alguien decidió que ya estaba bueno de usar la titulación como caja chica.
Y mientras tanto, felicidades sinceras a las miles de personas que este año por fin van a poder decir "licenciada" sin agachar la cabeza. Ya nada más falta que el mercado laboral michoacano les ofrezca un sueldo que justifique los cuatro mil pesos. Pero eso ya es tema de otra encuesta del Inegi, y esa no la vamos a ganar.
Y resulta que no. La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo bajó el costo del trámite de titulación de 15 mil a 4 mil pesos y, oh milagro de la antropología aplicada, aparecieron más de 3 mil personas en proceso de enero a abril de este año, frente a unas 1,800 titulaciones en todo el año anterior. La rectora Yarabí Ávila lo explicó sin rodeos: el aumento tiene que ver con la disminución del costo.
O sea: no era falta de vocación. Era falta de once mil pesos.
Hay algo profundamente michoacano en este descubrimiento. Miles de personas terminaron su carrera, aprobaron todo, hicieron su servicio social, sobrevivieron a los paros, a los exámenes extraordinarios, a los profesores que dictaban el mismo apunte desde el sexenio de Salinas, y se quedaron a un papel de distancia. Un papel que costaba lo mismo que un refrigerador. Y ahí se quedaron, presentándose en las entrevistas de trabajo como "pasante", esa palabra que en el currículum mexicano suena a promesa incumplida.
El dato debería colgarse enmarcado en la oficina de todo funcionario que alguna vez atribuyó un problema público a la apatía ciudadana. Porque la lección es transferible: bajen el costo de cualquier trámite y verán cómo el mexicano, ese ser supuestamente indolente, hace fila desde las seis de la mañana. No somos apáticos. Somos pobres. Es distinto y se resuelve distinto.
Queda, eso sí, la pregunta incómoda que nadie hizo en la entrevista colectiva: si a 4 mil pesos se titulan tres mil, ¿qué estaba pagando el que pagó 15 mil? ¿La cantera del edificio? ¿El servicio de café de la ceremonia? El costo de un trámite administrativo no baja a una cuarta parte porque de pronto se abarataron el papel y la tinta; baja porque alguien decidió que ya estaba bueno de usar la titulación como caja chica.
Y mientras tanto, felicidades sinceras a las miles de personas que este año por fin van a poder decir "licenciada" sin agachar la cabeza. Ya nada más falta que el mercado laboral michoacano les ofrezca un sueldo que justifique los cuatro mil pesos. Pero eso ya es tema de otra encuesta del Inegi, y esa no la vamos a ganar.