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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 12 de agosto, 2026
Ciudad de México Nota 20 de julio de 2026

Doce cámaras para la paz: la seguridad ciudadana llega en abonos chiquitos

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Doce cámaras para la paz: la seguridad ciudadana llega en abonos chiquitos
Hay comunicados que se leen como poesía y presupuestos que se leen como recibo de tintorería. El del programa Aliados C5 logra ser ambas cosas.

El planteamiento es de una elegancia conmovedora: la paz del siglo XXI, nos explican, "se escribe entre algoritmos, plataformas interactivas y redes de colaboración inmediata". Las nuevas generaciones, nativas digitales, entienden la conectividad humana de forma intuitiva. Todo eso, párrafos de prosa casi litúrgica, para aterrizar en la noticia concreta: se firmó un convenio con una universidad privada en Tlalpan que aportó doce cámaras perimetrales a la red pública.

Doce.

La red del C5 ya rebasa los 119 mil 700 equipos. Doce cámaras representan aproximadamente el 0.01% de ese universo. Es decir: el tejido social participó activamente en el diseño de su propia seguridad con la intensidad de quien pone la sal en una carne asada a la que llegó tarde. Aplausos igual, porque el gesto cuenta, pero llamémoslo por su nombre: no es una revolución de videovigilancia mixta, es una cooperacha.

La idea de fondo, hay que decirlo, no es tonta. Sumar cámaras privadas a la red pública tiene lógica: ya existen, ya están apuntando a la calle, ya graban a todo el que pasa. Lo que hace el programa es formalizar algo que la ciudad venía haciendo de facto desde que la primera tienda de abarrotes puso una cámara sobre la caja registradora. La novedad no es tecnológica: es que ahora hay convenio y foto del evento.

Lo interesante llega en la letra chiquita filosófica. La "adhesión voluntaria" de empresas, comercios, ciudadanía y centros de estudio significa que la vigilancia se vuelve un acto de participación cívica, como barrer la banqueta o pagar el predial. Muy pronto el vecino que no conecte su timbre inteligente a la red será visto con la misma sospecha que el que no coopera para el arreglo del zaguán. "¿Usted no comparte su cámara? ¿Qué esconde?"

Y luego está la asimetría geográfica, que es el chiste más cruel y el que nadie contó. El convenio se firma en un campus universitario privado de Tlalpan, con perímetro, con seguridad propia, con estacionamiento. Uno se pregunta cuántas cámaras aportará la esquina donde de verdad hacen falta, esa donde el tejido social está muy ocupado sobreviviendo como para asistir a una firma de convenio con presídium.

Que conste: más cámaras es mejor que menos cámaras. El C5 sirve, resuelve casos, ayuda. Pero conviene distinguir entre una política de seguridad y una ceremonia. Lo primero se mide en delitos que bajan; lo segundo, en fotografías donde todos sonríen frente a doce lentes recién instalados.

Así que bienvenidas sean. Doce cámaras más viendo Tlalpan. Que las nuevas generaciones, tan intuitivas para la conectividad humana, nos expliquen luego para qué sirve tanta imagen si nadie la ve a tiempo.