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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 12 de agosto, 2026
Ciudad de México Nota 20 de julio de 2026

El corralón de los coches olvidados: dos mil seiscientos huérfanos con placas

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El corralón de los coches olvidados: dos mil seiscientos huérfanos con placas
Existe en la Ciudad de México una comunidad silenciosa, numerosa y perfectamente inmóvil: los autos que nadie fue a recoger.

Según la Secretaría de Seguridad Ciudadana, entre 2025 y lo que va de 2026 se remitieron al corralón 6 mil 661 unidades por estar abandonadas en la vía pública. De esas, 2 mil 683 siguen ahí, esperando a un dueño que no llega. Cuatro de cada diez. Es decir: los llevaron al depósito por abandonados y ahí siguen siendo abandonados, sólo que ahora con vigilancia y en un terreno mejor bardeado que antes.

Hay algo casi filosófico en el asunto. La autoridad, nos explica, no se los lleva así nomás: primero notifica a propietarios, poseedores o responsables, y les entrega apercibimientos por escrito, debidamente fundados. Uno imagina la escena: un documento formal, con sellos y fundamentos legales, colocado bajo el limpiaparabrisas de un cascarón sin llantas que lleva tres años sirviendo de maceta. El Estado de derecho tocando la puerta de una carrocería.

Y luego la parte que revela el verdadero cálculo mexicano: el propietario recibe el apercibimiento, hace cuentas y decide que sacar el coche del corralón le cuesta más que el coche. Es una decisión racional. Cruel, pero racional. Se abandona un auto en la calle porque deshacerse de él formalmente cuesta dinero; se abandona en el corralón porque rescatarlo cuesta más dinero todavía. Le pasamos el problema a la ciudad y la ciudad lo guarda en una bodega. Todos ganamos, nadie resuelve nada.

Los números merecen contemplación. Dos mil seiscientos ochenta y tres vehículos son más autos que los que tienen algunas alcaldías en su parque vehicular completo. Es una flotilla fantasma, un municipio de lámina, una colonia entera donde nadie vive pero todos tienen estacionamiento. Y crece, porque el flujo no se detiene: cada semana llegan nuevos inquilinos y casi ninguno se muda.

Mientras tanto, arriba, en la superficie, la ciudad pelea por cada metro cuadrado. Se discute la gentrificación, se pelean cajones de estacionamiento, se instalan parquímetros, se debate si los coches ocupan demasiado espacio público. Y abajo, en los depósitos vehiculares, hay hectáreas de fierro dormido que nadie reclama y que ocupan, por definición, espacio público. La ironía es tan perfecta que da flojera señalarla.

La buena noticia es que el diagnóstico existe y está publicado. La pregunta pendiente es la de siempre: ¿y luego? Porque un dato sin destino final es sólo un dato bien acomodado. Dos mil seiscientos ochenta y tres autos esperan respuesta. Tienen tiempo. Es literalmente lo único que tienen.