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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 12 de agosto, 2026
Nuevo León Nota 20 de julio de 2026

Cuarenta grados y una invitación a caminar por el puente nuevo

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Cuarenta grados y una invitación a caminar por el puente nuevo
El Gobierno de Nuevo León tuvo esta semana dos anuncios que, leídos por separado, son impecables. Leídos juntos, son una comedia.

Anuncio uno: Protección Civil alertó que el estado enfrentará temperaturas máximas de entre 38 y 40 grados centígrados, sin probabilidad de lluvias, por el inicio de la canícula. Pidió extremar precauciones, mantenerse hidratado y evitar la exposición prolongada al sol.

Anuncio dos: el mismo Gobierno del Estado invitó a la ciudadanía a recorrer el recién inaugurado Puente Capullos en Guadalupe, que conecta el Distrito Infantil con el Parque del Agua y el río La Silla, como opción de movilidad y recreo para peatones y ciclistas.

Entonces: no se exponga al sol, pero venga a caminar. Hidrátese, pero pedalee. Es el equivalente institucional de decirle a alguien "cuídate mucho" mientras lo empujas a la alberca. Uno entiende la lógica de cada comunicado por separado —hay que avisar del calor, hay que estrenar la obra— pero la simultaneidad revela una verdad incómoda de la infraestructura regia: construimos para la foto de la inauguración, que se toma a las diez de la mañana de un día agradable, y no para el martes de julio a las tres de la tarde, que es cuando la gente de verdad tiene que cruzar.

El Puente Capullos, hay que decirlo, es buena noticia. Conectar el Distrito Infantil con el Parque del Agua es exactamente el tipo de costura urbana que a esta metrópoli le hace falta desde hace décadas, en un estado donde el peatón lleva generaciones siendo tratado como un automovilista que falló. Ruta segura para peatones y ciclistas: aplausos sinceros, de los que no llevan ironía.

El problema no es el puente. El problema es el complemento faltante. En Nuevo León tenemos una relación curiosa con la sombra: la consideramos un lujo, no una obra. Se invierte en estructura, en barandal, en iluminación arquitectónica, en el nombre bonito, y luego el árbol llega —si llega— dos administraciones después, chiquito, en una jardinera del tamaño de una cubeta, condenado a morir de sed antes de dar sombra a nadie. Una ruta peatonal sin arbolado en un estado que roza los cuarenta grados no es movilidad activa: es una prueba de resistencia.

La canícula, además, no es sorpresa. No es un fenómeno exótico ni un cisne negro. Llega todos los años, entre julio y agosto, con una puntualidad que ya quisieran otros servicios públicos. Se puede planear alrededor de ella. Se puede sembrar con anticipación. Se puede poner una lona, una pérgola, un bebedero, algo.

Mientras tanto, la recomendación de El Destiempo para quien acepte la invitación estatal y salga a recorrer el Puente Capullos esta semana: gorra, agua, bloqueador, y salir antes de las ocho de la mañana o después de las ocho de la noche. En esas dos ventanas, el puente es una maravilla. En las otras catorce horas, es un sartén con vista al río.