No era huachicol, era una avería con muy buena memoria (ocho mil litros)
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Existe un nuevo género literario en Chihuahua y nació esta semana en el poblado de El Sauzal, Valle de Juárez. Se llama "la explicación mecánica" y promete convertirse en clásico.
Los hechos, según lo publicado: la Policía Estatal, con apoyo del Ejército y la Guardia Nacional, aseguró una finca donde se localizó lo que las autoridades describieron como una presunta toma clandestina de combustible. Movilización, resguardo del perímetro, aviso a la FGR y a Pemex. Todo el paquete que uno esperaría de un operativo antihuachicol.
Pero el propietario del inmueble salió a desmentir las versiones y aquí empieza la poesía. Aseguró que adquirió el combustible de forma legal, mostró documentación y explicó que la cantidad —unos ocho mil litros— tuvo que ser trasladada de manera "irregular" únicamente porque su pipa original sufrió una avería. Es decir: no había nada raro, solo una falla mecánica con un timing exquisito y una capacidad de almacenamiento envidiable.
Uno entiende las averías. A todos se nos ha ponchado una llanta, se nos ha muerto la batería, se nos ha quedado la pipa cargada de ocho mil litros a media maniobra. Cosas que pasan. Lo notable es la escala: la mayoría de los mortales, cuando se les descompone el coche, cargan un galón de gasolina en un bidón y rezan para llegar a la esquina. Este ciudadano, en cambio, tuvo que administrar una cantidad que le daría envidia a una gasolinera de barrio.
Las autoridades, por su parte, mantienen la finca bajo vigilancia y señalaron que su instrucción se limita al resguardo mientras avanzan las investigaciones. Ni acusan ni absuelven: esperan. Y hacen bien, porque la ley se construye con pruebas, no con corazonadas ni con guiones.
Mientras tanto, queda la duda existencial que nos deja el episodio: ¿la avería fue del vehículo o de la coartada? Habrá que esperar el peritaje. Y ojalá el mecánico tenga tan buena memoria como el dueño, porque ocho mil litros son muchos litros para una simple descompostura de camino a casa.
Los hechos, según lo publicado: la Policía Estatal, con apoyo del Ejército y la Guardia Nacional, aseguró una finca donde se localizó lo que las autoridades describieron como una presunta toma clandestina de combustible. Movilización, resguardo del perímetro, aviso a la FGR y a Pemex. Todo el paquete que uno esperaría de un operativo antihuachicol.
Pero el propietario del inmueble salió a desmentir las versiones y aquí empieza la poesía. Aseguró que adquirió el combustible de forma legal, mostró documentación y explicó que la cantidad —unos ocho mil litros— tuvo que ser trasladada de manera "irregular" únicamente porque su pipa original sufrió una avería. Es decir: no había nada raro, solo una falla mecánica con un timing exquisito y una capacidad de almacenamiento envidiable.
Uno entiende las averías. A todos se nos ha ponchado una llanta, se nos ha muerto la batería, se nos ha quedado la pipa cargada de ocho mil litros a media maniobra. Cosas que pasan. Lo notable es la escala: la mayoría de los mortales, cuando se les descompone el coche, cargan un galón de gasolina en un bidón y rezan para llegar a la esquina. Este ciudadano, en cambio, tuvo que administrar una cantidad que le daría envidia a una gasolinera de barrio.
Las autoridades, por su parte, mantienen la finca bajo vigilancia y señalaron que su instrucción se limita al resguardo mientras avanzan las investigaciones. Ni acusan ni absuelven: esperan. Y hacen bien, porque la ley se construye con pruebas, no con corazonadas ni con guiones.
Mientras tanto, queda la duda existencial que nos deja el episodio: ¿la avería fue del vehículo o de la coartada? Habrá que esperar el peritaje. Y ojalá el mecánico tenga tan buena memoria como el dueño, porque ocho mil litros son muchos litros para una simple descompostura de camino a casa.