Guadalajara pide agua limpia y el Gobierno le sirve un vaso de discurso bien frío
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Hay días en que Jalisco se supera a sí mismo, y este martes lluvioso —con el 100% de probabilidad de tromba en media metrópoli y 40 grados prometidos al sur— es uno de esos. Porque mientras el cielo suelta toda el agua que quiere sobre Zapopan, Tlaquepaque y Tonalá, las llaves de las casas siguen escupiendo un líquido color té de manzanilla que nadie pidió. La paradoja tapatía perfecta: nos ahogamos por fuera y nos deshidratamos por dentro.
Empecemos por el capítulo estelar: el agua. En Tonalá, el alcalde denunció que ni él ni nadie de su gabinete ha sido invitado a una sola mesa técnica, mientras cerca de 200 mil personas de 32 colonias reciben agua sucia. Traducción: hay una crisis tan importante que a los afectados los dejaron fuera de la junta de vecinos. Entretanto, en el Senado, un legislador de Morena acusó al Gobierno de estar «envenenando la salud pública» y propuso un plan estructural, porque —según él— no se arregla una tubería con vales para garrafones. Y del otro lado, el Gobierno estatal, siempre elegante, se declaró «abierto al diálogo». En Jalisco el diálogo es como el segundo acueducto Chapala–Guadalajara: todos lo mencionan, nadie lo ha visto.
Y hablando del Plan Hídrico, nos cuentan que en el Congreso todavía navegará por lo menos un mes antes de llegar al pleno, porque primero hay que cuadrar las cuentas. O sea: antes de que corra el agua, tiene que correr la calculadora. Mientras tanto, la Conagua «supervisa» el acueducto sustituto de 10 mil 700 millones de pesos, cifra que suena a mucho hasta que uno recuerda que son 800 millones los que la Federación, según los alcaldes, ni siquiera ha soltado para la infraestructura básica. En resumen: hay dinero prometido, agua prometida y transparencia prometida. Todo en tiempo futuro, que es el único donde a Jalisco le sobra caudal.
Porque de transparencia, ni hablemos. El Congreso aprobó con bombo y platillo que todo aspirante a cargo público se haga el antidoping. Aplausos. Por fin la lucidez como requisito. El detalle chiquito: los resultados podrán quedarse guardaditos en el cajón de los secretos, igual que la declaración patrimonial, que se presenta pero se enseña «sólo si le nace». La transparencia jalisciense: existe, pero con candado, como perfil de red social de la tía que no quiere que veas sus fotos de la boda.
En medio de la sequía institucional, un rayo de esperanza líquida: en Puerto Vallarta inauguraron un nuevo Gogomático que reparte agua purificada gratis. Bendito sea. Se construyó en tres semanas, más rápido que cualquier acueducto, lo cual sugiere que la solución hídrica del estado quizá no sea una megaobra, sino repartir garrafones a domicilio con un moño. Y ya que andamos por la costa: en Vallarta, los bomberos rescataron a cinco patitos atorados en una alcantarilla. Emotivo. Aunque uno no sabe si aplaudir el rescate o preocuparse de que hasta los patos ya buscan salir del drenaje vallartense por su propio pie.
Pero si algo dejó claro esta jornada es que el vallartense no se deja. En una sala VIP de Cinépolis, una señora respondió a un «guarde silencio, por favor» con una tanda de patadas dignas de eliminatoria centroamericana, y las redes ya la bautizaron «Lady Karateca». Fue la única jalisciense del día que sí subió al podio, aunque fuera al de la viralidad. Le faltó nada más una medalla de la Conade, que anda regalando 50 mil pesos por presea.
Y para cerrar con broche fáunico: en el Cerro Viejo liberaron 87 hormigas que iban de contrabando rumbo a Asia. Ochenta y siete. Nayarit recorta 200 millones a su Congreso, Jalisco no encuentra 800 millones federales, pero de las hormigas tenemos censo exacto. Es tranquilizador saber que, en materia de rendición de cuentas, al menos con los insectos vamos cristalinos.
Así que ya sabe, estimado tapatío: si hoy le cae el aguacero encima, no se queje. Es la única agua limpia que le va a llegar sin trámite, sin mesa técnica y sin declaración patrimonial de por medio. Salud —con garrafón, por si las dudas.
Empecemos por el capítulo estelar: el agua. En Tonalá, el alcalde denunció que ni él ni nadie de su gabinete ha sido invitado a una sola mesa técnica, mientras cerca de 200 mil personas de 32 colonias reciben agua sucia. Traducción: hay una crisis tan importante que a los afectados los dejaron fuera de la junta de vecinos. Entretanto, en el Senado, un legislador de Morena acusó al Gobierno de estar «envenenando la salud pública» y propuso un plan estructural, porque —según él— no se arregla una tubería con vales para garrafones. Y del otro lado, el Gobierno estatal, siempre elegante, se declaró «abierto al diálogo». En Jalisco el diálogo es como el segundo acueducto Chapala–Guadalajara: todos lo mencionan, nadie lo ha visto.
Y hablando del Plan Hídrico, nos cuentan que en el Congreso todavía navegará por lo menos un mes antes de llegar al pleno, porque primero hay que cuadrar las cuentas. O sea: antes de que corra el agua, tiene que correr la calculadora. Mientras tanto, la Conagua «supervisa» el acueducto sustituto de 10 mil 700 millones de pesos, cifra que suena a mucho hasta que uno recuerda que son 800 millones los que la Federación, según los alcaldes, ni siquiera ha soltado para la infraestructura básica. En resumen: hay dinero prometido, agua prometida y transparencia prometida. Todo en tiempo futuro, que es el único donde a Jalisco le sobra caudal.
Porque de transparencia, ni hablemos. El Congreso aprobó con bombo y platillo que todo aspirante a cargo público se haga el antidoping. Aplausos. Por fin la lucidez como requisito. El detalle chiquito: los resultados podrán quedarse guardaditos en el cajón de los secretos, igual que la declaración patrimonial, que se presenta pero se enseña «sólo si le nace». La transparencia jalisciense: existe, pero con candado, como perfil de red social de la tía que no quiere que veas sus fotos de la boda.
En medio de la sequía institucional, un rayo de esperanza líquida: en Puerto Vallarta inauguraron un nuevo Gogomático que reparte agua purificada gratis. Bendito sea. Se construyó en tres semanas, más rápido que cualquier acueducto, lo cual sugiere que la solución hídrica del estado quizá no sea una megaobra, sino repartir garrafones a domicilio con un moño. Y ya que andamos por la costa: en Vallarta, los bomberos rescataron a cinco patitos atorados en una alcantarilla. Emotivo. Aunque uno no sabe si aplaudir el rescate o preocuparse de que hasta los patos ya buscan salir del drenaje vallartense por su propio pie.
Pero si algo dejó claro esta jornada es que el vallartense no se deja. En una sala VIP de Cinépolis, una señora respondió a un «guarde silencio, por favor» con una tanda de patadas dignas de eliminatoria centroamericana, y las redes ya la bautizaron «Lady Karateca». Fue la única jalisciense del día que sí subió al podio, aunque fuera al de la viralidad. Le faltó nada más una medalla de la Conade, que anda regalando 50 mil pesos por presea.
Y para cerrar con broche fáunico: en el Cerro Viejo liberaron 87 hormigas que iban de contrabando rumbo a Asia. Ochenta y siete. Nayarit recorta 200 millones a su Congreso, Jalisco no encuentra 800 millones federales, pero de las hormigas tenemos censo exacto. Es tranquilizador saber que, en materia de rendición de cuentas, al menos con los insectos vamos cristalinos.
Así que ya sabe, estimado tapatío: si hoy le cae el aguacero encima, no se queje. Es la única agua limpia que le va a llegar sin trámite, sin mesa técnica y sin declaración patrimonial de por medio. Salud —con garrafón, por si las dudas.