Lorena Alfaro, la crítica del dedazo que aplaude cada nombramiento
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Hay días en que un político opina de un solo tema, y hay días como el de la alcaldesa de Irapuato, Lorena Alfaro, que decidió pronunciarse sobre todo el catálogo panista en una sola jornada, con la coherencia interna de un pronóstico del clima guanajuatense: cambiante, contradictorio y siempre con probabilidad de lluvia.
Primer acto: Alfaro criticó las bases de la convocatoria del PAN para las alcaldías rumbo a 2027, señalando que faltó medir la 'capacidad de competir' de los aspirantes y que todo se quedó en 'la parte cualitativa'. Traducido: el partido evaluó qué tan buena persona eres, pero no si puedes ganar una elección, que es como contratar portero por su sonrisa y no por sus reflejos. Muy tierno, poco electoral.
Segundo acto: la alcaldesa se pronunció, con vehemencia, contra los 'dedazos'. Pidió que Acción Nacional privilegie la competitividad y no las designaciones a dedo. Aplaudible, salvo por el pequeño detalle de que el 'dedazo' en el PAN tiene tanta tradición como el pan de acámbaro, y denunciarlo desde adentro es como quejarse del mole en una boda: llegaste tarde, ya te lo sirvieron.
Tercer acto, el clímax: la misma Alfaro celebró como un 'acierto' la llegada de Juanita de la Cruz a la dirigencia estatal, un nombramiento que —qué casualidad— no salió de una urna sino de los mecanismos internos del partido. Es decir: abajo los dedazos, arriba este nombramiento que me late. La consistencia hecha discurso.
Mientras tanto, en León, la alcaldesa Alejandra Gutiérrez hablaba de 'fragmentación' y hasta de 'desmoronamiento' tras la salida de Aldo Márquez, y Alfaro respondía que no, que todo esto es en realidad 'una oportunidad para fortalecer la vida interna'. Ya son tantas oportunidades de fortalecimiento acumuladas que uno esperaría a un PAN guanajuatense con abdominales de acero; en cambio, seguimos viendo un partido que cada relevo lo vive como terapia de superación personal. Que gane el más competitivo, dijo. Ojalá, para variar, aplique también cuando el más competitivo no sea el que ya trae el dedo señalando.
Primer acto: Alfaro criticó las bases de la convocatoria del PAN para las alcaldías rumbo a 2027, señalando que faltó medir la 'capacidad de competir' de los aspirantes y que todo se quedó en 'la parte cualitativa'. Traducido: el partido evaluó qué tan buena persona eres, pero no si puedes ganar una elección, que es como contratar portero por su sonrisa y no por sus reflejos. Muy tierno, poco electoral.
Segundo acto: la alcaldesa se pronunció, con vehemencia, contra los 'dedazos'. Pidió que Acción Nacional privilegie la competitividad y no las designaciones a dedo. Aplaudible, salvo por el pequeño detalle de que el 'dedazo' en el PAN tiene tanta tradición como el pan de acámbaro, y denunciarlo desde adentro es como quejarse del mole en una boda: llegaste tarde, ya te lo sirvieron.
Tercer acto, el clímax: la misma Alfaro celebró como un 'acierto' la llegada de Juanita de la Cruz a la dirigencia estatal, un nombramiento que —qué casualidad— no salió de una urna sino de los mecanismos internos del partido. Es decir: abajo los dedazos, arriba este nombramiento que me late. La consistencia hecha discurso.
Mientras tanto, en León, la alcaldesa Alejandra Gutiérrez hablaba de 'fragmentación' y hasta de 'desmoronamiento' tras la salida de Aldo Márquez, y Alfaro respondía que no, que todo esto es en realidad 'una oportunidad para fortalecer la vida interna'. Ya son tantas oportunidades de fortalecimiento acumuladas que uno esperaría a un PAN guanajuatense con abdominales de acero; en cambio, seguimos viendo un partido que cada relevo lo vive como terapia de superación personal. Que gane el más competitivo, dijo. Ojalá, para variar, aplique también cuando el más competitivo no sea el que ya trae el dedo señalando.