Celaya termina su 'experimento social' de rampas y confirma que el guinda no era la respuesta
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La ciencia avanza a pasos agigantados, y en Celaya avanza pintando banquetas. El Ayuntamiento anunció que corregirá el color de las rampas para personas con discapacidad, aquellas que el año pasado fueron pintadas de guinda y blanco bajo el noble título de 'experimento social'. Sí, leyó bien: experimento social. Faltó la bata, el portapapeles y un investigador anotando reacciones detrás de un vidrio.
Nunca quedó del todo claro qué hipótesis se ponía a prueba. ¿Que la accesibilidad mejora si combina con los colores del equipo de la ciudad? ¿Que una persona en silla de ruedas sube la rampa con más entusiasmo si es guinda? ¿Que el peatón distraído respeta más el espacio si le recuerda a una jarra de agua de jamaica? El método científico exige una pregunta, una variable y una conclusión, y esta última por fin llegó: las rampas se pintan del color que marca la norma, no del que dicta la pasión deportiva municipal. Un año de experimentación para redescubrir el instructivo.
Lo entrañable del asunto es que, en materia de accesibilidad, Guanajuato tiene desafíos de sobra —personas con discapacidad visual y motriz llevan años señalando que las banquetas, los espacios públicos y las calles del estado siguen siendo una carrera de obstáculos— y la creatividad institucional decidió gastarse en el tono cromático en lugar de en la rampa misma. Es como discutir el color del salvavidas mientras el barco hace agua.
Hay que reconocerle a Celaya la honestidad de llamarlo 'experimento' y no 'proyecto de innovación urbana con enfoque de identidad territorial', que hubiera sonado más caro. Y hay que agradecerle el desenlace: corregir. Corregir es un verbo hermoso, poco frecuente en la administración pública, donde lo normal es defender el error hasta la siguiente administración. Así que celebremos: las rampas de Celaya volverán al color normativo, la ciencia guinda queda archivada, y la próxima vez que alguien proponga un 'experimento social' con dinero público, ojalá alguien pregunte, tímidamente, cuál era la hipótesis. Aunque sea por curiosidad académica.
Nunca quedó del todo claro qué hipótesis se ponía a prueba. ¿Que la accesibilidad mejora si combina con los colores del equipo de la ciudad? ¿Que una persona en silla de ruedas sube la rampa con más entusiasmo si es guinda? ¿Que el peatón distraído respeta más el espacio si le recuerda a una jarra de agua de jamaica? El método científico exige una pregunta, una variable y una conclusión, y esta última por fin llegó: las rampas se pintan del color que marca la norma, no del que dicta la pasión deportiva municipal. Un año de experimentación para redescubrir el instructivo.
Lo entrañable del asunto es que, en materia de accesibilidad, Guanajuato tiene desafíos de sobra —personas con discapacidad visual y motriz llevan años señalando que las banquetas, los espacios públicos y las calles del estado siguen siendo una carrera de obstáculos— y la creatividad institucional decidió gastarse en el tono cromático en lugar de en la rampa misma. Es como discutir el color del salvavidas mientras el barco hace agua.
Hay que reconocerle a Celaya la honestidad de llamarlo 'experimento' y no 'proyecto de innovación urbana con enfoque de identidad territorial', que hubiera sonado más caro. Y hay que agradecerle el desenlace: corregir. Corregir es un verbo hermoso, poco frecuente en la administración pública, donde lo normal es defender el error hasta la siguiente administración. Así que celebremos: las rampas de Celaya volverán al color normativo, la ciencia guinda queda archivada, y la próxima vez que alguien proponga un 'experimento social' con dinero público, ojalá alguien pregunte, tímidamente, cuál era la hipótesis. Aunque sea por curiosidad académica.