La contienda más fraterna de la historia: se abrazan mientras se muerden
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En Michoacán arrancó el torneo más entrañable del calendario político: la "contienda fraterna" por la coordinación estatal de la 4T. Fraterna, aclaremos, en el mismo sentido en que Caín y Abel eran hermanos.
El round más memorable lo protagonizó Raúl Morón, quien respondió a las críticas de Guillermo Celis con una frase que merece placa de bronce: "ya estábamos en lucha cuando ellos apenas eran niños". Traducido del morenés: la antigüedad como argumento supremo. Bajo esa lógica, el próximo coordinador debería definirse revisando actas de nacimiento y fotos con la chamarra desteñida de las marchas de antaño. El que tenga la credencial más amarilla, gana.
Mientras tanto, Fabiola Alanís salió a poner orden con dos afirmaciones dignas de análisis. La primera: que la coordinación "será para una mujer", lo cual redujo el suspenso a la mitad de la nómina. La segunda, más delicada, fue negar que una reciente foto de Morón en Palacio Nacional sea muestra de favoritismo presidencial. Porque, como bien sabemos, uno se pasea por Palacio Nacional únicamente por afición a la arquitectura colonial y de pura casualidad coincide con quien reparte las bendiciones.
A todo esto se sumó el aroma de la encuesta: los morenistas presumen encabezarla, aunque cada quien trae su propia calculadora y no se ponen de acuerdo ni en la metodología. Es la vieja tradición mexicana de ir ganando la elección que aún no existe. En Zamora, el PT ya cerró filas con Morón y presume 300 comités, porque en esto de la fraternidad conviene llegar temprano al reparto.
Y como muestra de que la unidad del movimiento goza de cabal salud, Gladyz Butanda anduvo por Maravatío pactando nada menos que la defensa de la soberanía nacional en una asamblea. Ambicioso: mientras unos se pelean por coordinar Michoacán, ella ya negocia con el orbe.
Lo entrañable del asunto es el discurso de la unidad: todos juran que van tomados de la mano rumbo a la transformación, aunque en la práctica cada abrazo venga con una zancadilla incluida. Que gane el mejor, dicen. O más bien, que gane el que salga en la foto correcta.
El round más memorable lo protagonizó Raúl Morón, quien respondió a las críticas de Guillermo Celis con una frase que merece placa de bronce: "ya estábamos en lucha cuando ellos apenas eran niños". Traducido del morenés: la antigüedad como argumento supremo. Bajo esa lógica, el próximo coordinador debería definirse revisando actas de nacimiento y fotos con la chamarra desteñida de las marchas de antaño. El que tenga la credencial más amarilla, gana.
Mientras tanto, Fabiola Alanís salió a poner orden con dos afirmaciones dignas de análisis. La primera: que la coordinación "será para una mujer", lo cual redujo el suspenso a la mitad de la nómina. La segunda, más delicada, fue negar que una reciente foto de Morón en Palacio Nacional sea muestra de favoritismo presidencial. Porque, como bien sabemos, uno se pasea por Palacio Nacional únicamente por afición a la arquitectura colonial y de pura casualidad coincide con quien reparte las bendiciones.
A todo esto se sumó el aroma de la encuesta: los morenistas presumen encabezarla, aunque cada quien trae su propia calculadora y no se ponen de acuerdo ni en la metodología. Es la vieja tradición mexicana de ir ganando la elección que aún no existe. En Zamora, el PT ya cerró filas con Morón y presume 300 comités, porque en esto de la fraternidad conviene llegar temprano al reparto.
Y como muestra de que la unidad del movimiento goza de cabal salud, Gladyz Butanda anduvo por Maravatío pactando nada menos que la defensa de la soberanía nacional en una asamblea. Ambicioso: mientras unos se pelean por coordinar Michoacán, ella ya negocia con el orbe.
Lo entrañable del asunto es el discurso de la unidad: todos juran que van tomados de la mano rumbo a la transformación, aunque en la práctica cada abrazo venga con una zancadilla incluida. Que gane el mejor, dicen. O más bien, que gane el que salga en la foto correcta.