Autonomía económica en Zacapu: el imperio de la bolsa de hilo de plástico
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En Zacapu, el gobierno municipal encontró la fórmula para fortalecer la autonomía económica de las mujeres: enseñarles a tejer bolsas con hilo de plástico. El DIF Municipal arrancó el taller en la comunidad de Eréndira, y hay que reconocer el mérito ecológico —convertir plástico en changarro tiene su encanto—, aunque la palabra "autonomía" cargue con un peso que ni la mejor asa de bolsa aguanta.
Porque una cosa es aprender un oficio y otra muy distinta es que un curso de manualidades se venda como emancipación financiera. Con esa vara, el próximo paso será proclamar la independencia económica del municipio enseñando a hacer servilletas de gancho. La autosuficiencia, en el discurso oficial, siempre se resuelve con las manos de las señoras y rara vez con el presupuesto de las autoridades.
El detalle es que la autonomía económica de verdad requiere cosas menos fotogénicas: créditos accesibles, guarderías, mercados donde vender, caminos por donde sacar el producto. Nada de eso cabe en el corte de listón de un taller comunitario, que en cambio ofrece algo mucho más valioso para la agenda: una foto con muchas manos ocupadas y una funcionaria sonriendo al frente.
Que conste: capacitar está bien, y seguramente más de una vecina de Eréndira le sacará provecho real a lo aprendido. El problema no es el taller, es el titular. Vender un curso de bolsas como la llave de la independencia económica femenina es como prometer que con un tejido bien apretado se sostiene toda la economía familiar. Ojalá el mismo entusiasmo por la autosuficiencia se aplicara a las finanzas municipales, que también andan tejiendo el presupuesto con lo que van encontrando.
Mientras tanto, las mujeres de Zacapu se llevan a casa una bolsa nueva, resistente y reciclada. Para meter, con suerte, las expectativas que les prometieron.
Porque una cosa es aprender un oficio y otra muy distinta es que un curso de manualidades se venda como emancipación financiera. Con esa vara, el próximo paso será proclamar la independencia económica del municipio enseñando a hacer servilletas de gancho. La autosuficiencia, en el discurso oficial, siempre se resuelve con las manos de las señoras y rara vez con el presupuesto de las autoridades.
El detalle es que la autonomía económica de verdad requiere cosas menos fotogénicas: créditos accesibles, guarderías, mercados donde vender, caminos por donde sacar el producto. Nada de eso cabe en el corte de listón de un taller comunitario, que en cambio ofrece algo mucho más valioso para la agenda: una foto con muchas manos ocupadas y una funcionaria sonriendo al frente.
Que conste: capacitar está bien, y seguramente más de una vecina de Eréndira le sacará provecho real a lo aprendido. El problema no es el taller, es el titular. Vender un curso de bolsas como la llave de la independencia económica femenina es como prometer que con un tejido bien apretado se sostiene toda la economía familiar. Ojalá el mismo entusiasmo por la autosuficiencia se aplicara a las finanzas municipales, que también andan tejiendo el presupuesto con lo que van encontrando.
Mientras tanto, las mujeres de Zacapu se llevan a casa una bolsa nueva, resistente y reciclada. Para meter, con suerte, las expectativas que les prometieron.