La Fiscalía tardó, pero llegó el influencer: crónica del hallazgo con celular en mano
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Hay avances de la humanidad que uno no vio venir. Este lunes de madrugada, un grupo de creadores de contenido dedicados a la 'exploración urbana' se metió sin permiso al abandonado Motel Nueva Castilla, en Escobedo —sí, ese que arrastra fama pesada desde hace más de una década—, para grabar sus recorridos por pasillos oscuros, telarañas y romanticismo de ruina. En la habitación número 156, en la parte de la cochera, encontraron algo que no venía en el guion: el cuerpo de un hombre en avanzado estado de descomposición. Llamaron a las autoridades a la 1:08 de la mañana y así, entre un plano cinematográfico y otro, se abrió una carpeta de investigación.
Detengámonos en la magnitud del asunto. Nuevo León tiene Fiscalía, tiene Agencia Estatal de Investigaciones, tiene Servicio Médico Forense, tiene presupuesto y organigrama. Pero el hallazgo del cadáver lo firmó un muchacho buscando contenido para el algoritmo. La nueva pericia forense del estado no usa bata: usa ring light. No levanta huellas: levanta vistas. Uno ya no sabe si denunciar un delito o etiquetar a la Fiscalía en el 'para ti'.
Hay algo profundamente regiomontano en la escena. El motel llevaba abandonado quién sabe cuánto, a plena vista sobre la carretera a Nuevo Laredo, y nadie —ni vecinos, ni rondines, ni la mano invisible de la seguridad pública— había reparado en lo que guardaba, hasta que la curiosidad de unos youtubers hizo el trabajo que el reglamento no. Los exploradores urbanos entraron a lo ilegal, es cierto, y eso también merece su renglón. Pero cuesta regañarlos cuando su travesura terminó siendo, en los hechos, una diligencia ministerial improvisada.
El cuerpo fue trasladado al Semef para autopsia y estudios periciales, y la investigación sigue su curso. Ojalá con la misma velocidad con la que se viralizó el video. Porque si algo dejó claro este episodio es que en Nuevo León la justicia a veces avanza al ritmo de la burocracia, y otras veces al ritmo de un teléfono con batería al 20 por ciento. Que descanse en paz el hombre de la habitación 156, cuya identidad todavía se desconoce. Y que conste en acta: el próximo gran testigo del estado podría ser cualquiera con datos móviles.
Detengámonos en la magnitud del asunto. Nuevo León tiene Fiscalía, tiene Agencia Estatal de Investigaciones, tiene Servicio Médico Forense, tiene presupuesto y organigrama. Pero el hallazgo del cadáver lo firmó un muchacho buscando contenido para el algoritmo. La nueva pericia forense del estado no usa bata: usa ring light. No levanta huellas: levanta vistas. Uno ya no sabe si denunciar un delito o etiquetar a la Fiscalía en el 'para ti'.
Hay algo profundamente regiomontano en la escena. El motel llevaba abandonado quién sabe cuánto, a plena vista sobre la carretera a Nuevo Laredo, y nadie —ni vecinos, ni rondines, ni la mano invisible de la seguridad pública— había reparado en lo que guardaba, hasta que la curiosidad de unos youtubers hizo el trabajo que el reglamento no. Los exploradores urbanos entraron a lo ilegal, es cierto, y eso también merece su renglón. Pero cuesta regañarlos cuando su travesura terminó siendo, en los hechos, una diligencia ministerial improvisada.
El cuerpo fue trasladado al Semef para autopsia y estudios periciales, y la investigación sigue su curso. Ojalá con la misma velocidad con la que se viralizó el video. Porque si algo dejó claro este episodio es que en Nuevo León la justicia a veces avanza al ritmo de la burocracia, y otras veces al ritmo de un teléfono con batería al 20 por ciento. Que descanse en paz el hombre de la habitación 156, cuya identidad todavía se desconoce. Y que conste en acta: el próximo gran testigo del estado podría ser cualquiera con datos móviles.