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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 12 de agosto, 2026
Nuevo León Nota 21 de julio de 2026

Diputados descubren el agua tibia: pondrán letreros de velocidad para que corras más a gusto

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Diputados descubren el agua tibia: pondrán letreros de velocidad para que corras más a gusto
La Carretera Nacional se ha vuelto el tramo más trágico del verano regiomontano: cinco muertos y ocho lesionados en apenas cuatro accidentes durante las primeras semanas de julio, con el exceso de velocidad señalado como principal sospechoso. Ante semejante dolor, la bancada local del PAN propuso una solución de vanguardia mundial: instalar señalética que muestre la velocidad de los automovilistas en tiempo real. Esos letreros que te dicen 'vas a 90' y te ponen una carita triste si te pasas.

El razonamiento tiene su lógica de laboratorio. El problema es que no consideraron un detalle antropológico: el conductor regio no ve un marcador de velocidad como una advertencia, lo ve como un reto personal. Enséñale a un nuevoleonés que va a 130 y no va a bajarle; va a preguntarse cuánto le falta para el récord de la máquina. El letrero, en vez de freno, corre el riesgo de volverse tablero de puntuaciones.

Pero lo verdaderamente memorable es el hallazgo que acompañó la propuesta. Los legisladores explicaron, muy serios, que la Carretera Nacional 'ya no es una vía de alta velocidad continua' porque ahora colinda con zonas habitacionales desde Monterrey hasta Allende. Es decir: notaron que hay gente viviendo junto a la carretera. Enhorabuena. Solo hicieron falta décadas de fraccionamientos, cientos de casas y varios muertos para que alguien en el Congreso levantara la mano y dijera: 'oigan, ¿ya vieron que aquí vive raza?'.

Uno agradece la intención, de verdad. Cualquier cosa que reduzca la tragedia es bienvenida, y ojalá la iniciativa prospere y salve vidas. Pero cuesta no notar el patrón: en Nuevo León las soluciones suelen llegar cuando el problema ya cobró factura, y suelen ser del tipo económico y vistoso. Un letrero cuesta menos que reducir carriles, poner topes inteligentes, radares con consecuencia real o rediseñar un tramo que dejó de ser autopista hace años. Es la política del cartelito: se ve, se inaugura, se fotografía.

Mientras tanto, la lista sigue creciendo. Jóvenes que festejaban un cumpleaños, familias que iban rumbo a La Boca, conductores que perdieron el control contra un árbol del camellón. Cada nombre merece más que un número parpadeando en la orilla del asfalto. Ojalá el Congreso, ya encarrerado en el descubrimiento de que las carreteras tienen vecinos, se anime también a descubrir que las tragedias se previenen antes, no después. Aunque, siendo justos, para eso no alcanza con un letrero: hace falta voluntad, y esa no viene en tiempo real.