Escocés pesca, presume y suelta: cátedra de humildad en la presa Chihuahua
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En un día repleto de gente aferrándose a candidaturas, subsidios y sillas municipales, un caballero escocés vino desde el otro lado del Atlántico a darnos una lección de desapego. Alistair Jack, de 63 años, capturó una carpa de aproximadamente 6 kilogramos en la presa Chihuahua y, acto seguido, la devolvió al agua. Foto, video, y de regreso al hábitat. Todo en apego a la pesca deportiva responsable.
Detengámonos en la nobleza del gesto. Don Alistair cruzó continentes, gastó en boletos, cañas y paciencia, sacó un pez respetable de las aguas chihuahuenses y, en lugar de presumirlo en la sartén, lo soltó. En un estado donde soltar lo que uno tiene agarrado es prácticamente un deporte extremo —pregúntenle a cualquier funcionario a punto de terminar su encargo—, el escocés hizo ver fácil lo difícil.
Hay algo poético en que la nota más zen del día venga de un turista. Mientras aquí se pelea por presupuestos, salas de tribunales que se mudan de Parral a la capital y hospitales del IMSS que no acaban de concretarse, un señor de 63 años nos recuerda que a veces la mayor victoria es la foto y la libertad del pez.
La carpa, por su parte, se convirtió en la única protagonista del día que salió del embrollo tal como entró: mojada, viva y sin deberle nada a nadie. Que tome nota la clase política: pescar, presumir la foto y soltar es, además de deportivo, un ejercicio de dignidad. Bienvenido sea el turismo, sobre todo el que enseña modales.
Detengámonos en la nobleza del gesto. Don Alistair cruzó continentes, gastó en boletos, cañas y paciencia, sacó un pez respetable de las aguas chihuahuenses y, en lugar de presumirlo en la sartén, lo soltó. En un estado donde soltar lo que uno tiene agarrado es prácticamente un deporte extremo —pregúntenle a cualquier funcionario a punto de terminar su encargo—, el escocés hizo ver fácil lo difícil.
Hay algo poético en que la nota más zen del día venga de un turista. Mientras aquí se pelea por presupuestos, salas de tribunales que se mudan de Parral a la capital y hospitales del IMSS que no acaban de concretarse, un señor de 63 años nos recuerda que a veces la mayor victoria es la foto y la libertad del pez.
La carpa, por su parte, se convirtió en la única protagonista del día que salió del embrollo tal como entró: mojada, viva y sin deberle nada a nadie. Que tome nota la clase política: pescar, presumir la foto y soltar es, además de deportivo, un ejercicio de dignidad. Bienvenido sea el turismo, sobre todo el que enseña modales.