Ferrero pondrá 86 millones de dólares; la CFE, que ponga la luz
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Buenas noticias con sabor a avellana: Grupo Ferrero anunció una inversión de 86 millones de dólares para ampliar su planta en San José Iturbide. Más producción, más exportaciones y —promete la empresa— garantía de suministro de energía para crecer. La gobernadora aprovechó para presumir que, en menos de dos años, Guanajuato ya rebasó el 52% de la meta sexenal de atracción de inversiones, con 61 proyectos y más de 4 mil millones de dólares. Cifras que se ven preciosas en la lámina de PowerPoint.
El detalle está en esa palabra mágica: energía. Ferrero, sensatamente, aseguró su propio suministro para no quedarse a media producción. Los mortales de a pie no tuvimos esa suerte. En Irapuato, la misma semana, la alcaldía le reclamó a la CFE apagones recurrentes que ya dañaron electrodomésticos, servicios públicos y hasta pozos de agua potable. O sea: la trasnacional garantiza sus watts; el vecino garantiza que se le va a echar a perder el refri.
Que vengan inversiones es magnífico, nadie con dos dedos de frente lo discute. El empleo se agradece, la derrama se agradece, la confianza internacional se agradece. Pero da un poquito de vértigo celebrar que Guanajuato es imán de capital global mientras la red eléctrica de las colonias parpadea como foco de posada. La modernidad del Bajío corre a dos velocidades: la del corredor industrial, que crece a triple sesión, y la de la casa de junto, donde se reza para que no vuelva a irse la luz a media cena.
Bienvenida la inversión, en serio. Solo pedimos, humildemente, que la misma energía que se le garantiza a la planta se le garantice al fraccionamiento. Porque presumir el 52% de la meta sexenal sabe raro cuando el 100% del vecindario ya se quedó sin ventilador en pleno julio.
El detalle está en esa palabra mágica: energía. Ferrero, sensatamente, aseguró su propio suministro para no quedarse a media producción. Los mortales de a pie no tuvimos esa suerte. En Irapuato, la misma semana, la alcaldía le reclamó a la CFE apagones recurrentes que ya dañaron electrodomésticos, servicios públicos y hasta pozos de agua potable. O sea: la trasnacional garantiza sus watts; el vecino garantiza que se le va a echar a perder el refri.
Que vengan inversiones es magnífico, nadie con dos dedos de frente lo discute. El empleo se agradece, la derrama se agradece, la confianza internacional se agradece. Pero da un poquito de vértigo celebrar que Guanajuato es imán de capital global mientras la red eléctrica de las colonias parpadea como foco de posada. La modernidad del Bajío corre a dos velocidades: la del corredor industrial, que crece a triple sesión, y la de la casa de junto, donde se reza para que no vuelva a irse la luz a media cena.
Bienvenida la inversión, en serio. Solo pedimos, humildemente, que la misma energía que se le garantiza a la planta se le garantice al fraccionamiento. Porque presumir el 52% de la meta sexenal sabe raro cuando el 100% del vecindario ya se quedó sin ventilador en pleno julio.