JUSKAS: la placa que le da a tu perro más papeles que a media familia
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Buenas noticias para el michi y el lomito de la casa: en Morelia ya se puede tramitar la placa JUSKAS, ese identificador que promete que si tu mascota se pierde, 'siempre vuelva a casa'. Es un gesto tierno y, a la vez, un espejo cruel: en un estado donde a los humanos a veces les cuesta un mundo que les repongan un acta, resulta que el perro ya trae folio, registro y sistema de rastreo emocional. Bienvenidos a la era en que el Firulais está mejor documentado que uno.
Uno imagina la escena en la ventanilla: la persona formada dos horas para un trámite propio, mirando de reojo cómo el trámite del perro fluye con la eficiencia de un país nórdico. La placa JUSKAS, nos dicen, sirve para identificar, proteger y ayudar a que la mascota regrese. Traducido al idioma de la calle: al perro le dieron algo que muchos ciudadanos llevan años pidiendo para sus asuntos: un sistema que de verdad sirva y no te mande a otra ventanilla.
Que no se malinterprete: la iniciativa es de aplaudir. Cualquier cosa que reduzca la angustia de perder a un animal querido merece palmas y croquetas. El bienestar animal es tema serio —de hecho en Zamora ya hablan de multas de hasta 50 mil pesos y cárcel por maltrato— y tener a los lomitos identificados es civilización pura. El chiste, el fino, está en el contraste: la misma maquinaria burocrática que para el ciudadano es un laberinto, para la mascota se vuelve alfombra roja.
Hay algo entrañablemente mexicano en todo esto. Somos el país capaz de organizarle credencial, foto y expediente al gato antes que arreglarle la banqueta al vecino. Y sin embargo, uno no puede enojarse: si tuviéramos que elegir entre un trámite que funcione y uno que no, que al menos funcione el del perro, que el pobre no tiene la culpa de nada y además nunca se queja en redes.
Así que ya sabe, morelense de corazón peludo: acuda por su placa JUSKAS, póngasela a su compañero de cuatro patas y duerma tranquilo sabiendo que, pase lo que pase, su perro tiene un plan de regreso a casa más claro que el suyo para llegar a fin de mes. En Michoacán, el que se porta bien y no habla de más, hasta placa recibe. Los demás, seguimos formados.
Uno imagina la escena en la ventanilla: la persona formada dos horas para un trámite propio, mirando de reojo cómo el trámite del perro fluye con la eficiencia de un país nórdico. La placa JUSKAS, nos dicen, sirve para identificar, proteger y ayudar a que la mascota regrese. Traducido al idioma de la calle: al perro le dieron algo que muchos ciudadanos llevan años pidiendo para sus asuntos: un sistema que de verdad sirva y no te mande a otra ventanilla.
Que no se malinterprete: la iniciativa es de aplaudir. Cualquier cosa que reduzca la angustia de perder a un animal querido merece palmas y croquetas. El bienestar animal es tema serio —de hecho en Zamora ya hablan de multas de hasta 50 mil pesos y cárcel por maltrato— y tener a los lomitos identificados es civilización pura. El chiste, el fino, está en el contraste: la misma maquinaria burocrática que para el ciudadano es un laberinto, para la mascota se vuelve alfombra roja.
Hay algo entrañablemente mexicano en todo esto. Somos el país capaz de organizarle credencial, foto y expediente al gato antes que arreglarle la banqueta al vecino. Y sin embargo, uno no puede enojarse: si tuviéramos que elegir entre un trámite que funcione y uno que no, que al menos funcione el del perro, que el pobre no tiene la culpa de nada y además nunca se queja en redes.
Así que ya sabe, morelense de corazón peludo: acuda por su placa JUSKAS, póngasela a su compañero de cuatro patas y duerma tranquilo sabiendo que, pase lo que pase, su perro tiene un plan de regreso a casa más claro que el suyo para llegar a fin de mes. En Michoacán, el que se porta bien y no habla de más, hasta placa recibe. Los demás, seguimos formados.