Llovió 20 minutos y Chihuahua descubrió que tiene ríos: crónica de un estado que se ahoga en sus propias plagas
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Señoras y señores, abróchense el impermeable porque hoy Chihuahua amaneció con vocación de Venecia. Bastaron veinte minutos de aguacero —según el cronómetro de El Tiempo, que parece haber instalado una estación meteorológica en cada esquina— para que la capital se convirtiera en un parque acuático no autorizado. El Teófilo Borunda, esa avenida que de día es vía rápida y de noche es alberca olímpica, volvió a graduarse de río Chuvíscar con honores. Hubo Toyota varado, Neón en llamas (porque en Chihuahua un coche no se descompone: se inmola en plena Borunda) y, en el episodio más dramático, dos personas en situación de calle arrastradas por la corriente en pleno centro, rescatadas de un torrente que apareció porque, cito textual, 'el líquido no encontró salida'. Spoiler: el líquido nunca encuentra salida, porque el desagüe lleva tapado desde la administración pasada.
Protección Civil, fiel a su tradición, lanzó la alerta 'en los próximos minutos lloverá con 82% de probabilidad', frase que tiene el mismo valor profético que decir 'en los próximos minutos saldrá el sol'. Y ahí estaba la ciudadanía, empapada, descubriendo que su capital tiene la capacidad de drenaje de una cubeta con agujero. En Parral, mientras tanto, el desagüe del puente Mena se tapó —otra vez— por basura y lluvia, y el titular de Servicios Públicos prometió coordinarse con la JMAS, esa palabra mágica que en el norte significa 'lo arreglamos para la siguiente temporada de lluvias'. En Camargo cerraron de plano la carretera porque el agua se comió las columnas de un puente. Resumen del clima: el estado entero hace agua, literal y figuradamente.
Pero si el cielo nos manda agua, la tierra nos manda bichos. Porque Chihuahua enfrenta no una, sino DOS plagas bíblicas simultáneas. Por el sur avanza el gusano barrenador, que ya tomó Durango, Coahuila, Sinaloa y Texas y, según la Asociación Ganadera, llegar al estado es 'cuestión de tiempo' —el mismo optimismo con que uno espera el aguinaldo—. Y por los chiles ataca el picudo, para el cual el gobierno destinó 39 millones de pesos. Es decir: tenemos presupuesto antiplagas pero no para destapar una alcantarilla. Las prioridades, claras como agua de canal Chuvíscar.
En el terreno político, el espectáculo de la semana lo dio el alcalde de Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, quien fue al Congreso a rendir cuentas por un adeudo de 118 millones de pesos de ISR y salió, como quien va a misa de difuntos y termina en kermés, escoltado por simpatizantes que le gritaban '¡Gobernador!, ¡Gobernador!' rumbo al hotel. Nada dice 'asumo la responsabilidad de las finanzas municipales' como abandonar la comparecencia entre porras y, de pasada, pedir licencia. El PAN lo acusó, él defendió el arrendamiento de las barredoras —barredoras que, irónicamente, no sirvieron de nada este lunes porque la ciudad se barrió sola, con la corriente— y dos diputados panistas se levantaron y se fueron. La política norteña sigue siendo el único deporte de contacto donde nadie suda.
Mientras tanto, en el departamento de buenas noticias relativas: Parral presumió que bajó 31% los homicidios en cinco años y la SSPE atribuyó a los drones una reducción del 18% en el estado, con 15 rifles antidrones repartidos entre el personal. Sí, leyó bien: rifles antidrones. Vivimos en un estado donde se le dispara al cielo no para celebrar, sino para bajar aeronaves. Lo único que sube sin freno es la población penitenciaria del fuero federal, 17.6% más reos, que es la otra forma de medir la 'paz'.
Y en la sección 'Chihuahua, cuna de la indignación selectiva', un funcionario de Mantenimiento Urbano fue detenido por presuntamente matar a un perro y, de paso, agredir a los policías que fueron por él. Lo destituyeron antes de detenerlo, en un raro caso de eficiencia administrativa que ojalá aplicaran al alcantarillado. El perrito movilizó más coraje ciudadano que los 118 millones de ISR, y con razón: aquí los perros sí cumplen su trabajo. Pregúntenle a Grillo, el can que vigila la Zona del Silencio en Mapimí y que, sospecho, organiza mejor el tránsito que medio gabinete.
Cerramos con el dato cultural: el Festival Antojos reunió a 45 mil personas en Paseo Bolívar, prueba de que el chihuahuense no falla a una taquiza aunque caiga el diluvio. Porque al final, este estado puede inundarse, plagarse de gusanos y endeudarse por barredoras, pero mientras haya gorditas y futbol del Mundial en la tele, aquí no se ahoga nadie. Bueno, casi nadie. Lleven paraguas.
Protección Civil, fiel a su tradición, lanzó la alerta 'en los próximos minutos lloverá con 82% de probabilidad', frase que tiene el mismo valor profético que decir 'en los próximos minutos saldrá el sol'. Y ahí estaba la ciudadanía, empapada, descubriendo que su capital tiene la capacidad de drenaje de una cubeta con agujero. En Parral, mientras tanto, el desagüe del puente Mena se tapó —otra vez— por basura y lluvia, y el titular de Servicios Públicos prometió coordinarse con la JMAS, esa palabra mágica que en el norte significa 'lo arreglamos para la siguiente temporada de lluvias'. En Camargo cerraron de plano la carretera porque el agua se comió las columnas de un puente. Resumen del clima: el estado entero hace agua, literal y figuradamente.
Pero si el cielo nos manda agua, la tierra nos manda bichos. Porque Chihuahua enfrenta no una, sino DOS plagas bíblicas simultáneas. Por el sur avanza el gusano barrenador, que ya tomó Durango, Coahuila, Sinaloa y Texas y, según la Asociación Ganadera, llegar al estado es 'cuestión de tiempo' —el mismo optimismo con que uno espera el aguinaldo—. Y por los chiles ataca el picudo, para el cual el gobierno destinó 39 millones de pesos. Es decir: tenemos presupuesto antiplagas pero no para destapar una alcantarilla. Las prioridades, claras como agua de canal Chuvíscar.
En el terreno político, el espectáculo de la semana lo dio el alcalde de Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, quien fue al Congreso a rendir cuentas por un adeudo de 118 millones de pesos de ISR y salió, como quien va a misa de difuntos y termina en kermés, escoltado por simpatizantes que le gritaban '¡Gobernador!, ¡Gobernador!' rumbo al hotel. Nada dice 'asumo la responsabilidad de las finanzas municipales' como abandonar la comparecencia entre porras y, de pasada, pedir licencia. El PAN lo acusó, él defendió el arrendamiento de las barredoras —barredoras que, irónicamente, no sirvieron de nada este lunes porque la ciudad se barrió sola, con la corriente— y dos diputados panistas se levantaron y se fueron. La política norteña sigue siendo el único deporte de contacto donde nadie suda.
Mientras tanto, en el departamento de buenas noticias relativas: Parral presumió que bajó 31% los homicidios en cinco años y la SSPE atribuyó a los drones una reducción del 18% en el estado, con 15 rifles antidrones repartidos entre el personal. Sí, leyó bien: rifles antidrones. Vivimos en un estado donde se le dispara al cielo no para celebrar, sino para bajar aeronaves. Lo único que sube sin freno es la población penitenciaria del fuero federal, 17.6% más reos, que es la otra forma de medir la 'paz'.
Y en la sección 'Chihuahua, cuna de la indignación selectiva', un funcionario de Mantenimiento Urbano fue detenido por presuntamente matar a un perro y, de paso, agredir a los policías que fueron por él. Lo destituyeron antes de detenerlo, en un raro caso de eficiencia administrativa que ojalá aplicaran al alcantarillado. El perrito movilizó más coraje ciudadano que los 118 millones de ISR, y con razón: aquí los perros sí cumplen su trabajo. Pregúntenle a Grillo, el can que vigila la Zona del Silencio en Mapimí y que, sospecho, organiza mejor el tránsito que medio gabinete.
Cerramos con el dato cultural: el Festival Antojos reunió a 45 mil personas en Paseo Bolívar, prueba de que el chihuahuense no falla a una taquiza aunque caiga el diluvio. Porque al final, este estado puede inundarse, plagarse de gusanos y endeudarse por barredoras, pero mientras haya gorditas y futbol del Mundial en la tele, aquí no se ahoga nadie. Bueno, casi nadie. Lleven paraguas.