Histórico: gastamos menos de lo que íbamos a gastar de más
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El Auditor Superior del Estado, Héctor Acosta Félix, declaró que la reducción de casi 120 millones de pesos en el costo de la Torre Centinela es un “hecho histórico”, resultado de las auditorías y de la atención a observaciones durante la ejecución del proyecto.
Histórico. La palabra es fuerte. Histórico fue el Grito de Dolores. Histórico fue el primer hombre en la Luna. Y ahora, histórico es que una obra pública terminara costando 120 millones menos de lo que se había presupuestado.
No se malentienda a esta redacción: que la fiscalización funcione es una excelente noticia y merece aplauso. El problema es epistemológico. Cuando el logro máximo del sistema es descubrir que sobraban 120 millones de pesos en el presupuesto, la pregunta que queda flotando no es “¿qué bien lo hicimos?”, sino “¿y esos 120 millones a qué hora se subieron al carro?”.
Porque un ahorro de esa magnitud no aparece por eficiencia energética ni porque el proveedor de cemento se puso generoso. Aparece porque alguien revisó y encontró que el número original estaba... digamos, optimista. Y ahí es donde la celebración se pone incómoda: estamos festejando al bombero por apagar el incendio sin preguntar quién dejó el sartén prendido.
Es la escuela chihuahuense de las finanzas públicas: se compra la lavadora con 40 por ciento de descuento y se llega a la casa presumiendo que uno “ganó” dinero. Mi crédito, mi ahorro, mi hecho histórico.
El mismo Auditor aclaró, en otra declaración del día, que las auditorías a los municipios no tienen trasfondo político, y anunció que la Auditoría Superior del Estado y la Federación se van a dividir la revisión de cuentas para alcanzar a los 67 municipios de Chihuahua. Es decir: se reparten el estado como quien se reparte un pastel de quince años, ustedes de este lado, nosotros del otro. Buena idea, sin duda, siempre que la lógica de reparto no termine pareciéndose demasiado a otras lógicas de reparto que se practican en el estado.
Y, para no perder el hilo del absurdo: mientras se celebra el ahorro histórico en una torre de vigilancia, en Guadalupe y Calvo detectaron una pista de aterrizaje clandestina y un búnker artesanal usado presuntamente para cuidar el área. O sea que hay quien también construye infraestructura de seguridad, con presupuesto propio, sin auditoría y sin licitación. Eso sí que es contención de costos.
La propuesta de El Destiempo es sencilla: instituyamos el Premio Anual al Sobrecosto Descubierto, con estatuilla, alfombra roja y discurso de agradecimiento. Categorías sugeridas: Mejor Partida Presupuestal Inflada, Mejor Observación Atendida a Medias, y Mejor Frase para Convertir un Error en un Triunfo.
El gran favorito ya lo tenemos. Y sí: es histórico.
Histórico. La palabra es fuerte. Histórico fue el Grito de Dolores. Histórico fue el primer hombre en la Luna. Y ahora, histórico es que una obra pública terminara costando 120 millones menos de lo que se había presupuestado.
No se malentienda a esta redacción: que la fiscalización funcione es una excelente noticia y merece aplauso. El problema es epistemológico. Cuando el logro máximo del sistema es descubrir que sobraban 120 millones de pesos en el presupuesto, la pregunta que queda flotando no es “¿qué bien lo hicimos?”, sino “¿y esos 120 millones a qué hora se subieron al carro?”.
Porque un ahorro de esa magnitud no aparece por eficiencia energética ni porque el proveedor de cemento se puso generoso. Aparece porque alguien revisó y encontró que el número original estaba... digamos, optimista. Y ahí es donde la celebración se pone incómoda: estamos festejando al bombero por apagar el incendio sin preguntar quién dejó el sartén prendido.
Es la escuela chihuahuense de las finanzas públicas: se compra la lavadora con 40 por ciento de descuento y se llega a la casa presumiendo que uno “ganó” dinero. Mi crédito, mi ahorro, mi hecho histórico.
El mismo Auditor aclaró, en otra declaración del día, que las auditorías a los municipios no tienen trasfondo político, y anunció que la Auditoría Superior del Estado y la Federación se van a dividir la revisión de cuentas para alcanzar a los 67 municipios de Chihuahua. Es decir: se reparten el estado como quien se reparte un pastel de quince años, ustedes de este lado, nosotros del otro. Buena idea, sin duda, siempre que la lógica de reparto no termine pareciéndose demasiado a otras lógicas de reparto que se practican en el estado.
Y, para no perder el hilo del absurdo: mientras se celebra el ahorro histórico en una torre de vigilancia, en Guadalupe y Calvo detectaron una pista de aterrizaje clandestina y un búnker artesanal usado presuntamente para cuidar el área. O sea que hay quien también construye infraestructura de seguridad, con presupuesto propio, sin auditoría y sin licitación. Eso sí que es contención de costos.
La propuesta de El Destiempo es sencilla: instituyamos el Premio Anual al Sobrecosto Descubierto, con estatuilla, alfombra roja y discurso de agradecimiento. Categorías sugeridas: Mejor Partida Presupuestal Inflada, Mejor Observación Atendida a Medias, y Mejor Frase para Convertir un Error en un Triunfo.
El gran favorito ya lo tenemos. Y sí: es histórico.