El agua sale color quincena, pero con 80% de descuento
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Buenas noticias para el usuario tapatío que abre la llave y le sale algo que parece consomé: el Congreso de Jalisco aprobó una iniciativa impulsada por el PAN para otorgar un descuento de hasta 80% —con reembolso retroactivo desde diciembre de 2024— a quienes recibieron agua de mala calidad del SIAPA.
Leamos otra vez esa fecha: diciembre de 2024. Es decir, el Estado reconoce por escrito, con firma y sello, que llevamos año y medio pagando puntualmente un servicio que en muchos domicilios llegaba en tonos que van del ámbar al café cortado. Y la reparación del daño es un descuento. No una disculpa, no un funcionario explicando qué pasó, no una tubería nueva: un cupón.
Es la lógica del taller mecánico que te devuelve la mitad porque el coche sigue sin frenar. O del restaurante que te cobra al 20% el caldo con pelo porque, técnicamente, pelo también es proteína. En Jalisco ya no exigimos servicios: negociamos rebajas por servicios defectuosos. El próximo paso natural es que el SIAPA lance su propio Julio Regalado: 4x3 en agua turbia, válido solo esta semana.
Y que quede claro el mecanismo: el descuento se lo van a devolver a usted, que ya compró garrafones, ya compró filtro, ya se enfermó del estómago y ya se aguantó. La factura del error institucional la pagó primero el ciudadano y ahora el ciudadano recibe de vuelta una parte de lo que él mismo puso. Es como si le devolvieran su propio dinero y encima esperaran el aplauso. Que, para ser justos, ya llegó: la bancada que la impulsó salió a celebrarlo como si hubiera descubierto el agua limpia.
Mientras tanto, en la avenida Felipe Zetter de Zapopan, los vecinos denuncian alcantarillas dañadas que representan un riesgo real para quien pase. Cuentan que el SIAPA ha acudido en distintas ocasiones a soldar las tapas y que las reparaciones duran poquito. Poquito. Esa palabra debería ir en el escudo del organismo: soldamos, se rompe, volvemos, se vuelve a romper, y así hasta que alguien se caiga y entonces habrá un comunicado lamentando profundamente.
Lo verdaderamente inquietante no es el agua sucia ni las tapas voladoras. Es la normalización: en esta ciudad ya se instaló la idea de que el servicio público se mide en descuentos y no en resultados. Que la meta no es que salga agua limpia, sino que salga barata la sucia. Que la política hídrica se resuelva en la caja registradora y no en la red de distribución.
Así que celebre su 80%, tapatío. Guárdelo. Con eso casi le alcanza para los garrafones que llevaba comprando desde antes. Casi.
Leamos otra vez esa fecha: diciembre de 2024. Es decir, el Estado reconoce por escrito, con firma y sello, que llevamos año y medio pagando puntualmente un servicio que en muchos domicilios llegaba en tonos que van del ámbar al café cortado. Y la reparación del daño es un descuento. No una disculpa, no un funcionario explicando qué pasó, no una tubería nueva: un cupón.
Es la lógica del taller mecánico que te devuelve la mitad porque el coche sigue sin frenar. O del restaurante que te cobra al 20% el caldo con pelo porque, técnicamente, pelo también es proteína. En Jalisco ya no exigimos servicios: negociamos rebajas por servicios defectuosos. El próximo paso natural es que el SIAPA lance su propio Julio Regalado: 4x3 en agua turbia, válido solo esta semana.
Y que quede claro el mecanismo: el descuento se lo van a devolver a usted, que ya compró garrafones, ya compró filtro, ya se enfermó del estómago y ya se aguantó. La factura del error institucional la pagó primero el ciudadano y ahora el ciudadano recibe de vuelta una parte de lo que él mismo puso. Es como si le devolvieran su propio dinero y encima esperaran el aplauso. Que, para ser justos, ya llegó: la bancada que la impulsó salió a celebrarlo como si hubiera descubierto el agua limpia.
Mientras tanto, en la avenida Felipe Zetter de Zapopan, los vecinos denuncian alcantarillas dañadas que representan un riesgo real para quien pase. Cuentan que el SIAPA ha acudido en distintas ocasiones a soldar las tapas y que las reparaciones duran poquito. Poquito. Esa palabra debería ir en el escudo del organismo: soldamos, se rompe, volvemos, se vuelve a romper, y así hasta que alguien se caiga y entonces habrá un comunicado lamentando profundamente.
Lo verdaderamente inquietante no es el agua sucia ni las tapas voladoras. Es la normalización: en esta ciudad ya se instaló la idea de que el servicio público se mide en descuentos y no en resultados. Que la meta no es que salga agua limpia, sino que salga barata la sucia. Que la política hídrica se resuelva en la caja registradora y no en la red de distribución.
Así que celebre su 80%, tapatío. Guárdelo. Con eso casi le alcanza para los garrafones que llevaba comprando desde antes. Casi.