Lugar 11 nacional, saldo blanco y cinco muchachos que nadie encuentra
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En la octava reunión de seguridad regional, celebrada en Guanajuato con gobernadores y representantes de siete estados, las autoridades de Jalisco presentaron sus mejores números: incidencia delictiva a la baja, homicidios dolosos en descenso, lugar 11 a nivel nacional según el Secretariado Ejecutivo y un operativo mundialista que cerró con saldo blanco pese a recibir más de dos millones de visitantes. Aplausos, foto grupal, y a comer.
Es una presentación impecable. Lástima el calendario. Porque mientras se preparaban esas láminas, entre el 15 y el 17 de julio desaparecieron cinco adolescentes de entre 14 y 17 años en cuatro municipios de la Zona Metropolitana: Tonalá, Tlajomulco, El Salto y dos en Zapopan. Uno cada día, a veces dos. Sus familias no se enteraron por un boletín ni por una alerta: se enteraron porque el muchacho no volvió. Y esta semana tuvieron que ir a plantarse afuera de la Vicefiscalía Especializada en Desaparecidos a exigir que alguien los busque, denunciando que temen que se trate de reclutamiento forzado por el crimen organizado.
Hace unas semanas hubo un final feliz: seis adolescentes de esas mismas edades, levantados en Puerto Vallarta y Guadalajara a fines de junio —tres de ellos el día de su graduación de secundaria—, regresaron a casa. Duró poco el alivio. La abuela de uno de ellos describió la espera con una frase que debería estar enmarcada en cada oficina de gobierno del estado: “una vida que ya no es vida”. A ella no le sirve el lugar 11 nacional. Ese indicador no se come, no abraza y no toca la puerta a las diez de la noche.
El Congreso, atento, ya reaccionó: la Comisión de Puntos Constitucionales avaló crear una Fiscalía Especializada en Personas Desaparecidas —autónoma, con titular electo por el Congreso local— y otra de violencias de género. Excelente. En Jalisco, cuando un problema se vuelve insoportable, se le construye una oficina. Membrete nuevo, presupuesto nuevo, organigrama nuevo, misma ciudad donde a un chavo de catorce lo pueden desaparecer un miércoles cualquiera en la colonia Hacienda Real y el sistema tarda en enterarse más que los vecinos.
Nadie está diciendo que los números sean falsos. Los números pueden ser rigurosamente ciertos y aun así ser una manera elegante de mirar hacia otro lado. Un estado puede bajar sus homicidios dolosos y simultáneamente estar perdiendo a sus adolescentes; de hecho, ese es justo el escenario que describen los expertos cuando hablan de reclutamiento: no aparecen cuerpos porque los muchachos no están muertos, están trabajando. “Se fue a trabajar a la sierra tres meses”, le dijeron a una familia.
Entonces sí, felicidades por el saldo blanco del Mundial. Dos millones de visitantes cuidados con esmero quirúrgico. Solo falta el operativo para los que ya vivían aquí.
Es una presentación impecable. Lástima el calendario. Porque mientras se preparaban esas láminas, entre el 15 y el 17 de julio desaparecieron cinco adolescentes de entre 14 y 17 años en cuatro municipios de la Zona Metropolitana: Tonalá, Tlajomulco, El Salto y dos en Zapopan. Uno cada día, a veces dos. Sus familias no se enteraron por un boletín ni por una alerta: se enteraron porque el muchacho no volvió. Y esta semana tuvieron que ir a plantarse afuera de la Vicefiscalía Especializada en Desaparecidos a exigir que alguien los busque, denunciando que temen que se trate de reclutamiento forzado por el crimen organizado.
Hace unas semanas hubo un final feliz: seis adolescentes de esas mismas edades, levantados en Puerto Vallarta y Guadalajara a fines de junio —tres de ellos el día de su graduación de secundaria—, regresaron a casa. Duró poco el alivio. La abuela de uno de ellos describió la espera con una frase que debería estar enmarcada en cada oficina de gobierno del estado: “una vida que ya no es vida”. A ella no le sirve el lugar 11 nacional. Ese indicador no se come, no abraza y no toca la puerta a las diez de la noche.
El Congreso, atento, ya reaccionó: la Comisión de Puntos Constitucionales avaló crear una Fiscalía Especializada en Personas Desaparecidas —autónoma, con titular electo por el Congreso local— y otra de violencias de género. Excelente. En Jalisco, cuando un problema se vuelve insoportable, se le construye una oficina. Membrete nuevo, presupuesto nuevo, organigrama nuevo, misma ciudad donde a un chavo de catorce lo pueden desaparecer un miércoles cualquiera en la colonia Hacienda Real y el sistema tarda en enterarse más que los vecinos.
Nadie está diciendo que los números sean falsos. Los números pueden ser rigurosamente ciertos y aun así ser una manera elegante de mirar hacia otro lado. Un estado puede bajar sus homicidios dolosos y simultáneamente estar perdiendo a sus adolescentes; de hecho, ese es justo el escenario que describen los expertos cuando hablan de reclutamiento: no aparecen cuerpos porque los muchachos no están muertos, están trabajando. “Se fue a trabajar a la sierra tres meses”, le dijeron a una familia.
Entonces sí, felicidades por el saldo blanco del Mundial. Dos millones de visitantes cuidados con esmero quirúrgico. Solo falta el operativo para los que ya vivían aquí.