Guanajuato tiene tantos defensores que ya nadie sabe de qué nos están defendiendo
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Uno creería que el peligro más urgente de Guanajuato es el bache, la extorsión telefónica o la lluvia que se lleva la calle. Pues no: aparentemente lo que faltaba era personal. Acción Nacional abrió su programa Defensores de la Patria, la Familia y la Libertad, y el estado respondió con una vocación de servicio que no se veía desde la última vez que hubo despensas.
Se registraron aspirantes en León, Irapuato, Pénjamo, Salamanca, San Miguel de Allende. Un diputado local con casi treinta años de carrera —expresidente municipal, exsenador, tres veces diputado federal— levantó la mano por Pénjamo y aclaró que aunque lo buscaron de otros partidos, él se queda donde empezó, por congruencia. Es un argumento sólido: nada dice congruencia como llevar tres décadas cambiando de escritorio dentro del mismo edificio.
En León, tres aspirantes completaron el registro con distintos acompañamientos, trayectorias y estilos, pero todos coincidieron al final en ofrecer unidad. La unidad panista es un fenómeno meteorológico: aparece justo al terminar el trámite, dura lo que la conferencia de prensa y se disipa cuando salen las encuestas. Uno de los registrados declaró que es momento de que el panismo esté unido y que él tiene la fórmula. Sería generoso compartirla antes de la temporada de lluvias.
En Irapuato la mesa se llenó: una diputada local, el excoordinador municipal, un aspirante que se describió como perfil idóneo y otra que celebró que las mediciones de desempeño legitimen el trabajo. Todos hablaron de apertura, transparencia y criterios objetivos, tres palabras que en política se usan como el cilantro: se espolvorean al final y nadie pregunta de dónde salieron. En San Miguel de Allende, dos aspirantes —uno de ellos expriista— explicaron que ya andan en capacitaciones y que en su momento saldrán a tocar puertas con el discurso oficial del partido. Honestidad brutal: el discurso ya viene armado, solo falta el timbre.
Y entonces llegó el balde de agua fría institucional: el dirigente estatal aclaró que este proceso no define candidaturas para 2027, que contempla varias etapas y que ser aspirante a defensor no te acerca automáticamente a la boleta. Es decir, cientos de guanajuatenses acaban de formarse para calificar al proceso que califica al proceso. En términos del Bajío: hicieron cola en la taquilla para comprar el derecho de hacer cola.
La alcaldesa de la capital, en cambio, optó por la elegancia del no-registro: dijo que no participar en la convocatoria no le quita el derecho a buscar la elección consecutiva y que sus derechos políticos permanecen intactos. Traducción: no me formé porque tengo pase directo, gracias. Y en Celaya, el alcalde anunció que decidirá en septiembre. Septiembre, ese mes mágico donde caben las decisiones que no se quieren tomar en julio.
Bienvenidos sean todos los defensores. Solo una petición ciudadana: cuando terminen de defender la patria, la familia y la libertad, ¿alguien podría pasar a defender la calle Comonfort, que sigue sin pavimentar?
Se registraron aspirantes en León, Irapuato, Pénjamo, Salamanca, San Miguel de Allende. Un diputado local con casi treinta años de carrera —expresidente municipal, exsenador, tres veces diputado federal— levantó la mano por Pénjamo y aclaró que aunque lo buscaron de otros partidos, él se queda donde empezó, por congruencia. Es un argumento sólido: nada dice congruencia como llevar tres décadas cambiando de escritorio dentro del mismo edificio.
En León, tres aspirantes completaron el registro con distintos acompañamientos, trayectorias y estilos, pero todos coincidieron al final en ofrecer unidad. La unidad panista es un fenómeno meteorológico: aparece justo al terminar el trámite, dura lo que la conferencia de prensa y se disipa cuando salen las encuestas. Uno de los registrados declaró que es momento de que el panismo esté unido y que él tiene la fórmula. Sería generoso compartirla antes de la temporada de lluvias.
En Irapuato la mesa se llenó: una diputada local, el excoordinador municipal, un aspirante que se describió como perfil idóneo y otra que celebró que las mediciones de desempeño legitimen el trabajo. Todos hablaron de apertura, transparencia y criterios objetivos, tres palabras que en política se usan como el cilantro: se espolvorean al final y nadie pregunta de dónde salieron. En San Miguel de Allende, dos aspirantes —uno de ellos expriista— explicaron que ya andan en capacitaciones y que en su momento saldrán a tocar puertas con el discurso oficial del partido. Honestidad brutal: el discurso ya viene armado, solo falta el timbre.
Y entonces llegó el balde de agua fría institucional: el dirigente estatal aclaró que este proceso no define candidaturas para 2027, que contempla varias etapas y que ser aspirante a defensor no te acerca automáticamente a la boleta. Es decir, cientos de guanajuatenses acaban de formarse para calificar al proceso que califica al proceso. En términos del Bajío: hicieron cola en la taquilla para comprar el derecho de hacer cola.
La alcaldesa de la capital, en cambio, optó por la elegancia del no-registro: dijo que no participar en la convocatoria no le quita el derecho a buscar la elección consecutiva y que sus derechos políticos permanecen intactos. Traducción: no me formé porque tengo pase directo, gracias. Y en Celaya, el alcalde anunció que decidirá en septiembre. Septiembre, ese mes mágico donde caben las decisiones que no se quieren tomar en julio.
Bienvenidos sean todos los defensores. Solo una petición ciudadana: cuando terminen de defender la patria, la familia y la libertad, ¿alguien podría pasar a defender la calle Comonfort, que sigue sin pavimentar?